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autor Escrito por Shoquim
Diputado federal
Thursday 18 de September de 2014 21:24

Las reseñas que no se contaron :-)

Era una noche friolenta y con ventizca tierrosa cuando se sentaron en sus respectivos asientos del TSM 4 amigos muy aficionados al fútbol; tres de ellos fanáticos de los guerreros de Santos Laguna y el tercero un panzaverde de nacimiento -que por capricho del destino neció en Hermosillo- Los 3 "santos" -2 damas y un caballero- llevaban sus playeras distintivas del equipo de sus amores mientras que el leonés iba disfrazado de "civil" para que a los hinchas santistas no se les ocurriera lincharlo con alevosía.

Antes de empezar el encuentro, todo era armonía y felicidad entre los 4, pero al pitar el árbitro el inicio del juego...
¡Vamos guerreros! ¡denles en la madre a esas "dagas finas"!
¡Métanles la ver...de a esas gatitas lagañosas!
Y es que el mejor equipo de fútbol del universo y puntos circunvecinos llevaba el uniforme rosa que honra la lucha contra el cáncer y reconoce a la mujer "esmeralda", género que asiste en gran cantidad al estadio de León en los juegos de los panzas verdes.
El fan de los esmeraldas se quedó impactado al escuchar las "suaves" palabras que la afición santista le dedicaba al equipo contrario, pero "más peor" aún, al darse cuenta que la "más peor" verborrea provenía de esas 2 damas que le acompañaban, mientras que el caballero solo se dedicaba a echarle porras a sus jugadores, muy respetuoso del equipo y del amigo contrarios.

Una vez iniciado el partido se vió de inmediato que el bicampeón se estaba enfrentando a 14 jugadores del Santos, pues de 20 zancadillas, codazos, caballazos, patadas y escupitajos que daban los guerreros sólo marcaban una falta, a la vez que cada vez que se caía o se quejaba algún jugador de Santos, era marcado ipso facto por los jugadores santistas disfrazados de árbitros.
No había pasado mucho tiempo cuando en un claro fuera de lugar, el equipo de casa anotó el primer gol y todos los hichas se levantaron y cantaron la anotación, incluyendo al cuarto árbitro... ¡sí, también estaba inmiscuido en el complot!.

El León respondió como todo equipo de prosapia y campeonísimo (a pesar de jugar con 4 jugadores de banca); adelantando sus filas y creando acciones de peligro en la meta contraria; en eso estaban cuando un jugador leonés fue arteramente pateado en el área chica de su rival, por lo que el central llegó corriendo y haciendo gestos de rabia, le mostró la tarjeta amarilla... ¡al jugador golpeado!. 'No puede ser', dijo el jugador esmeralda y le enseñó la herida sobre el tobillo, que le había causado la patada; más encabronado aun, el árbitro sacó otra vez la amarilla y se la restregó de nuevo en la jeta al golpeado y -haciendo aspavientos propios de los dictadores como Franco y Pinochet- sacó la tarjeta roja, expulsando al vapuleado jugador.

Las voces altisonantes de la fanaticada no se hiceron esperar:
¡Muy bien, árbitro! ¡mándalo mucho a la chindaga!
¡Que se vaya a protestarle a su "santa" abuelita!
Y sí, exactamente como están pensando, los "eufemismos" más sentidos y que les salían desde lo más profundo de su glándula biliar eran expresados a través de los lindos labios de las ¿amigas? del aficionado Leonés. Se les veían una facciones desencajadas y la frente y el cuello con las venas crispadas, al tiempo que sus ojos expelían un fuego diabólico -caray, apenas un rato antes esos ojitos parecían de angelitos recién bajados del cielo-.

Pues bien, siguió el partido y el poderosísimo equipo bicampeón siguió con su juego, siempre alegre y ofensivo, echando atrás al equipo local -ni parecía que fueran 10 contra 15-. Así las cosas, al mediar el segundo tiempo la hichada santista empezó a abuchear a sus jugadores porque no le podían marcar otro miserable golecito al equipo de la galaxia. Sin embargo... alguien se acercó al 4° árbitro y le entregó subrepticiamente una "paca" de billetes de alta denominación y de inmediato algo le fue a decir en el oído al "hombre de negro". Sin pensarlo mucho corrió cuando un jugador santista se tropezó con el balón y de manera déspota y prepotente agarró al esmeralda más cercano y le enseñó la tarjeta "pálida", y ya francamente explusando espuma por la boca, también sacó la tarjeta "escarlata", dejando a los panzas verdes con 9 hombres.
Los gritos de los laguneros no se hiceron esperar... voy a obviarlos, al igual de donde salían los más "exquisitos".

Pero la paciencia del aficinado esmeralda ya estaba al límite y, poniéndose la heróica camiseta verde esmeralda, gritó a los 4 vientos: ¡Bola de inútiles montoneros! - en alusión a la diferencia en número de jugadores de cada equipo; 15 de Santos contra 9 de León-... ¡muchacho ocurrente!... todo el mundo a su alrededor se le quedó viendo con el más profundo de los odios; espadas famígeras le llegaban desde cada ojo que se proyectaba contra su guapa persona, las ¿damas? que le acompañaban tenían sus caras -preciosas antes del juego- llenas de forúnculos a punto de explotar -producidos por el escozor del grito del odioso tipejo panzaverde-.
Esas otrora amabilísimas y modositas mujeres, agarrando vuelo desde el respaldo de sus asientos, gritaron al unísono con tantos decibeles que acallaron al resto de la hinchas: ¡¡¡"AGUÁNTESE CABRÓN"!!!... al casi indefenso fan esmeralda ya no le extrañó demasiado el bullying del que era objeto por sus ya no amigas, tal vez conocidas; el amigo -este sí, amigo- se veía un tanto preocupado y asombrado de la actitud de dichas personas del sexo femenino; muy diplomático, intervino para apaciguar lo que parecía un linchamiento "amigo" y finalmente las aguas tormentosas se conviertieron en una lluvia ligera contra el Hermosillense-Leonés.

En este descuido del panzavarde, el árbitro aprovechó para echar también al estratega esmeralda; a pesar de todo, el plusválido rugido del león se sigió escuchando en la cancha porque los montoneros no podían hacerle otro rasguño a la fiera. El empleado de Irraragorri... perdón, quise decir el árbitro central... tuvo que extender el juego 5 minutos para que, el ya cansado rival, no pudiera evitar otro gocelito balazo del equipo anfitrión. Ya terminados los 95 minutos del juego, se volvieron a ver esas caritas angelicales de la laguneras ¿amigas? y hasta fotos se tomaron con el invitado especial (sí, como no). De camino al estacionamiento, las laguneritas se iban persinando y rezando aves marías y padres nuestros, agradeciendo al cielo que ganaran sus guerreros; parecía imposible que de esos labios se estuvieran pronunciando nombres sagrados cuando hacía unos minutos salían expulsados con furia; cebollas, tridentes, lava, gusanos, ajos, centellas, dagas y cucarachas.

A pesar de todo... ¡Dale León! ¡Vamos por el tricampeonato! ¡Viva México y muera el mal gobierno!


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