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autor Escrito por blablablabla
Gobernador
Tuesday 19 de April de 2016 22:58

Un nuevo escrito de Blablabla.

Estando parado esperando el tren, pasó enseguida de mí un ciego, él iba con el cuerpo más recto que el mío, también tenía su mirada menos perdida que la mía a pesar de no ver.

Metí mi mano en el bolsillo buscando unas monedas para darle, en ese momento sonó el silbato del tren, cuando levanté la mirada ya no vi al ciego, solo vi su bastón tirado en el suelo. Lo busque apurado para darle las monedas y el bastón, pero el maquinista comenzó anunciar con un silbido largo la marcha del tren, no me quedó otra que subir al vagón.

Acomodé  mi mochila en el compartimiento de equipaje y me senté pegado a la ventana que estaba empañada por el frío, hice un círculo con la manga de mi abrigo, ese abrigo que un mudo me vendió.

Recuerdo aquel día que estaba sentado en un parque de la antigua ciudad, empezó a correr un aire bastante helado, en eso se me acercó un señor mudo y me ofreció en venta el abrigo, con sus manos me indicaba que tomará el abrigo y con sus dedos y su boca cerrada me decía cuánto quería, y se lo di, curiosamente el abrigo me quedo a la perfección. El mudo se quedó un rato sentado junto a mí en la banca de aquel parque tan antiguo como las arrugas del rostro de ese mudo tan “platicador”.

Con su lenguaje de señas me enseñó su maravilloso mundo del silencio, y así en un momento capte y comprendí uno de mis defectos, que es no quedarme callado, y que siempre acaban mal las situaciones a las que me enfrento.

Y bueno la lección me la dio Sebastián el mudo del parque. Me despedí de Sebastián, él me escribió su dirección para que lo visitara y enseñarme más del pueblo y de la vida.

Regresando al tren, cuando limpie la empañada ventana buscando con la mirada al ciego aquel del bastón, el de la mirada no tan perdida, lo alcance a ver ya cuando el tren inició la marcha, él se me quedó viendo o bueno parecía que me miraba y su expresión era la de te veré después.
Ahí voy con el abrigo de un mudo y con el bastón de un ciego a iniciar el viaje que yo había planeado para perderme y la meta era encontrarme.

Así escuchando el roce de las ruedas sobre las vías, me quede dormido, soñando cuando era niño, siempre buscando aventuras llenas de imaginación y fantasía.

Casi nunca recuerdo mis sueños pero ese sueño en aquel vagón de tren sí; soñé aquel Mimo sordo, que en un crucero cerca de mi casa hacía su rutina para ganar algunas monedas, él solo vestía unos pantalones negros brinca charcos, una playera blanca, un sombrero de copa y su cara pintada de blanco, que más bien parecía una página blanca donde escribía sus historias que con gestos y señas nos las contaba.

Él parecía mago y no por el sombrero, y es que no era un Mimo común y corriente, él era un francés con más arrugas que la corteza de un baguette, y curiosamente ese era su apodo “el sordo baguette”........


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