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autor Escrito por blablablabla
Gobernador
Saturday 11 de February de 2017 14:34

Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe? Yo no sé.

Como te conté hace rato @heladita que maneje 10, 12 horas y lo que nunca voy levantándome, dormí y dormí y no lo vas a creer pero soñaba con mis personajes y lo más curioso es que me pedían que regresara y la razón era porque mis pasos habían dejado una huella y que esas huellas para ellos se habían quedado para siempre. Como te digo Heladita me voy levantando y traigo un poco confundidas las ideas pero ahorita que leo tu comentario se van acomodando gracias a ti, de ahí que ahora esta idea bajó y voy a regresar por mi camino. Y es que ahora se que cada paso que damos al caminar deja una huella en el camino que recorremos, estás huellas se pueden quedar marcadas para siempre.

Cuando nos relacionamos con otras personas, dejamos también nuestra huella marcada en ellos con nuestras palabras y actos y al mismo modo los demás dejan una huella en cada uno de nosotros. Creo que es importante que sepamos que huellas dejamos en los otros y así mismo conozcamos las huellas que ellos nos han dejado.

Ayer emprendí el regreso en busca de Mario el ciego el primer personaje que me encontré allá en la estación del tren.
Después de despedirme de Don Erasmo y Don Camilo empecé a bajar por una montaña cubierta de niebla.
Esa neblina me hacía sentir extraño y recordé lo que me dijo Mario el ciego: “Para mi es más valioso encontrarme con personas como usted”, que ya van por el camino de lo que realmente vale, que son los hijos, la amistad y el amor verdadero. Sigue tu camino, vas en la dirección correcta me dijo.

Llegué al pueblo de noche era muy extraño que estuviera cubierto por una espesa y azulada neblina, a lo lejos empecé a notar una luz amarillenta y a medida que me acercaba notaba de que se trataba.
Resultó ser Mario el ciego que traía en su mano una lámpara encendida.
Buenas noches Don Mario qué anda haciendo con una lámpara si usted no ve, él me contestó que no llevaba la lámpara para él, ya que él conocía la oscuridad de las calles muy bien, dijo que él llevaba esa luz para que otros encuentren su camino.
Qué maravilla de personaje pensé, y es que muchas veces las personas en vez de alumbrar el camino de quién nos topamos preferimos oscurecerlo a través de la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio y del resentimiento.
En eso estaba cuando Don Mario me dijo lo siguiera, mientras caminábamos me decía del gusto que le daba volver a verme, que desde la última vez que nos vimos no dejaba de pensar en mi.
Llegamos a una pequeña casita, Don Mario me invitó a pasar diciendo mi casa es tu casa.
Desde que entré a esa casa sentí como aquella azulada neblina y su compañera la oscuridad de afuera no desaparecieron ya estando nosotros dentro.
- ¡Qué bueno sería si todos ilumináramos los caminos de los demás!,
- imagina si toda la gente encendiera una luz el mundo entero estaría iluminado y viviríamos todos mejor.
Mientras me platicaba me invitó a que me acomodara donde quisiera, me platicaba de como todos pasamos por situaciones difíciles, de cómo en algunos momentos de nuestras vidas sufrimos, pero que no debemos dar a notar nuestro dolor cuando alguien desesperado busca ayuda en nosotros, al contrario hay que dar apoyo y así nuestro dolor o problemas se minimizan.
Le pedí a Don Mario que también tomará asiento y me dejara prepararle algo de cenar.

Después de cenar me contó la historia de un castor. Ese castor vivía construyendo, siempre transformando su entorno, un día lo escuchaba mordisqueando un gran Abedul azul por cierto que este tipo de árboles son ricos en vitamina C, me dijo Don Mario que él preparaba aceite de las hojas del Abedul y junto con la savia del tronco de Abedul preparaba un medicina muy especial y efectiva para todo tipo de males. 

Bueno regresando al castor, no paró hasta que tumbó el Abedul. En cuanto el gran árbol estuvo en el suelo, el castor empezó a fabricar pequeños troncos, que iba apilando a un lado del río.
Para eso ya tenía también un montón de piedras también apiladas junto al río.
Me seguía contando del castor, mi amigo ciego y yo me preguntaba cómo es que sabía tanto del castor si no lo veía como construía su diques, presas y madrigueras.
Y es que me contaba con lujo de detalles como el castor construía con barro, piedras y troncos esas grandes estructuras que ayudaban al castor, al mismo ecosistema y otros seres vivos a sobrevivir en tiempos difíciles.
En eso estaba yo pensando cuando me dijo - sé lo que estás pensando, se que no te imaginas cómo puedo describirte todo lo que te cuento verdad?. Pues bueno te contare que mi madre era una enamorada de la lectura y pasaba horas leyéndome todo tipo de libros de ahí que aprendí a dibujar imágenes en mi mente.
En ese momento que Don Mario me comentó eso, mi mente se transportó al centro histórico de la Ciudad de México cuando Don Camilo el bolero y gran lector me preguntó qué libro fue el primero que me interesó leer y por qué.

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Hay 3 respuestas al foro

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