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autor Escrito por apologeta
Gobernador
Tuesday 23 de July de 2019 17:00

El Gobierno y los Empresarios… No Pueden ser Carteristas!!

Compañeros forista y lectores, quiero publicar algo que me llamó mucho mi atención en la web. Es la entrevista al industrial Jorge Hoelzer Neto, por la periodista, escritora y documentalista brasileña. Ganadora del Premio Internacionales de Periodismo Rey de España y con más de 40 premios nacionales e internacionales de reportaje… ella ELIANE BRUM.

Él, un industrial respetado por los pueblos de la selva amazónica, un ejemplo en quien el mundo debería fijarse con urgencia… pero ya!! Su nombre: Jorge Hoelzel Neto.

Esta entrevista se llevó a cabo en plena selva amazónica

 ELIANE BRUM

20 JUL 2019 - 18:52 CEST

 

Nombre del tema original: “Los empresarios no pueden ser carteristas”

La goma de borrar de la marca Mercur es un recuerdo en la vida escolar de algunas generaciones de brasileños. Después surgieron otras, algunas mucho más vistosas, pero se solía creer que solo esa borraba “de verdad” los errores que cometían —a pesar de la feroz voluntad de hacerlo bien— los que empezaban en la selva de las letras. Fui uno de esos colegiales, armada con lápiz, pero también con goma de borrar. Aprendíamos entonces que, por muy buena que fuera la goma, nunca era sencillo o fácil borrar nuestros errores. Algo siempre resistía en la hoja del cuaderno, recordándonos nuestra falibilidad.

Décadas después, en 2015, participaba en una expedición en remo, a bordo de canoas, promovida por los indígenas del pueblo Juruna, de la aldea Mïratu, y por el Instituto Socio-ambiental, para constatar y reflexionar sobre la destrucción provocada por la central hidroeléctrica de Belo Monte en la región conocida como la Vuelta Grande del Xingú, en el estado de Pará. Avisté a un hombre muy blanco que remaba silenciosamente junto a un adolescente que después descubrí que era su hijo. “Es Jorge”, explicó un ribereño de la denominada Tierra Media. “Siempre está con nosotros”. Era Jorge Hoelzel Neto, uno de los accionistas de la tercera generación de Mercur, una empresa familiar que este año cumple 95 años.

Eso me intrigó. Entonces me enteré de que la bolsa de agua caliente que solía utilizar en invierno hoy se hace con el caucho producido en las reservas extractivas de la Tierra Media, expresión utilizada para denominar las tierras ubicadas entre el río Xingú y la carretera BR-163, una de las regiones más espectaculares de la Amazonia brasileña. Y, hoy, una de las más presionadas por el robo de tierras públicas que estalla en toda la selva, estimulado y autorizado por las declaraciones y acciones del gobierno de Jair Bolsonaro. Y, en el estado de Pará, también por las acciones y declaraciones del gobernador Helder Barbalho.

En más de 30 años de periodismo, siempre desconfié sanamente de los representantes de lo que se denomina “mercado”. Y todavía más en la Amazonia, víctima preferente de proyectos grandilocuentes que han resultado en catástrofes todavía más grandiosas, concebidos por la iniciativa privada en colaboración con diferentes gobiernos, especialmente durante la dictadura militar (1964-1985). Pero no solo eso. La Amazonia guarda las cicatrices de varios desvaríos, como Fordlândia, ciudad que Henry Ford construyó a orillas del río Tapajós para producir caucho para los neumáticos de sus coches, entre los años 20 y 40 del siglo pasado.

Así que preferí observar a Jorge Hoelzel durante años, antes de arriesgarme a escribir sobre él y su actuación. Quizás la observación haya sido mutua, porque la primera vez que abordé el tema, todavía en aquella expedición en canoa de 2015, dejó claro que no se pavonearía de hacer cosas buenas en la Amazonia. Los que lo conocen saben que Hoelzel es alérgico a los trajes, a los autoelogios y a la jerga del medio corporativo. A los 58, se autodefine como un “hombre de familia”, con esposa y dos hijos. Lo que le gusta de verdad es estar callado, escuchar mucho y curiosear con sus ojos muy azules de ascendencia alemana acomodados bajo una gorra. Todo esto después de meditar, lo primero que hace por la mañana.

Podría decirse que el dueño de Mercur ama la Amazonia. Es un hecho. Pero creo que nunca se ha oído a nadie que admita lo contrario. Es más exacto afirmar que Jorge Hoelzel es un empresario brasileño que no odia la Amazonia. La mayoría de los empresarios brasileños parece que tienen rabia de la selva, donde actúan con una mentalidad del siglo XX, o quizás todavía del siglo XIX. Todo lo que hacen es arrancar los recursos minerales de la selva, la utilizan como un cuerpo que al explotan y dejan la destrucción ambiental y humana en su lugar. O transforman una de las mayores riquezas el planeta en soja o pastos para bueyes. Son trágicamente pocos los empresarios que, como Jorge Hoelzel, han alcanzado los desafíos del siglo XXI y entienden tanto que la selva es estratégica para el control del calentamiento global como que la Amazonia puede definir qué tipo de futuro nuestra especie y otras tendrán en las próximas décadas. También han comprendido que la mayor riqueza de la selva es justamente la selva, ella misma, con toda su diversidad biológica y también humana.

Mercur se ha convertido en un laboratorio de buenas prácticas en la pequeña (y conservadora) Santa Cruz del Sur, ciudad gaucha más conocida por las plantaciones de tabaco que se extienden por la región. Y también por la contaminación por pesticidas relacionada con un número alarmante de suicidios de agricultores. Cada año, Hoelzel se desplaza del sur al norte para participar en la Semana del Extractivismo de la Tierra Media (SEMEX), en general organizada en una de las reservas donde viven los ribereños o en una aldea indígena del Medio Xingú, a algunos días de viaje en barco desde Altamira, en el estado de Pará.

Durante días, indígenas, ribereños y empresarios como Hoelzel debaten sobre la producción coordinada por una red de 27 cantinas, una colaboración entre varias organizaciones y órganos socioambientales y algunas asociaciones extractivas y de indígenas y por lo menos una de agricultura familiar. Entre 2018 y 2019 se produjeron y comercializaron casi 925 kilos de caucho en forma de lámina y 5,551 kilos en forma de bloques; 1,410 kilos de harina de mesocarpio de babasú; y 1,800 kilos de copayero. En 2018, hubo una producción récord de nueces de Brasil frescas: casi 16,000 cajas, el equivalente a 350 toneladas, que les dejó a las comunidades casi medio millón de dólares. Es importante subrayar: todo eso manteniendo la selva en pie, manteniendo la biodiversidad y manteniendo el modo de vida de los pueblos indígenas y ribereños. Iniciativas como esta, que se extienden por diferentes lugares de la Amazonia brasileña, muestran que es posible y urgente producir para la vida, y no para la muerte.

En 2019, la SEMEX se ha realizado por primera vez en la ciudad de Altamira, y no en la selva, debido a la falta de seguridad resultante de las declaraciones y acciones de un gobierno que quiere permitir la explotación predatoria en las tierras protegidas de la Amazonia. Y que no conoce en absoluto la real riqueza de la selva, producida por ribereños, indígenas y quilombolas (descendientes de esclavos rebeldes que conquistaron el derecho a poseer tierras de forma colectiva) exactamente porque sus tierras están protegidas. Jorge Hoelzel estaba en el encuentro. Tras años observándolo dentro y fuera de la selva, viendo la relación respetuosa que tiene con sus habitantes y el cariño que hombres y mujeres tan violentados por los blancos demuestran por este típico alienígena del sur, me siento segura para publicar una entrevista en la que Hoelzel puede contar cómo él también se transformó, tan vivo como el caucho que compra en la Tierra Media.

Quién sabe, quizá sus palabras puedan sacudir el polvo de algunas mentes que se ocultan bajo la jerga del mercado. Desde la redemocratización del país, la Amazonia nunca ha estado tan amenazada por un gobierno como ahora. La selva y sus pueblos, humanos y no humanos, necesitan todo el apoyo que sea posible para combatir tanto la ignorancia como la codicia, hermanas siamesas que hoy dominan el Gobierno central.

Durante las dos horas de entrevista, realizada en la ciudad de Altamira, a Hoelzel se le arrasaron los ojos algunas veces. Sabe que por muy buena que sea la goma, nuestros errores no pueden borrarse totalmente. En la Amazonia, se convierten en sangre y fuego.

Continuaremos con la entrevista…

Foto: Jorge Hoelzel Neto

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Hay 3 respuestas al foro

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