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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por NACHOB00ND
Visitante distinguido
Thursday 19 de November de 2009 19:04

CAFÉ PARAÍSO Capítulo 4 (Desenlace)

CAFÉ PARAÍSO Capítulo 4 (Desenlace)

 

 

Zacarias Guerra sintió el corazón acelerado, sintió su cuerpo poco a poco impregnarse de adrenalina,  mientras que lo veía venir, como en cámara lenta, como si el tiempo se hubiese detenido mientras buscaba en el aspecto de aquel individuo, la maldad o el porque del atroz asesinato de Karina. Su mente le decía:

“Alto, no tienes pruebas de que el sea el homicida”, pero su corazón le exigía: “¡Asesínalo!”. En el debate de sentimientos, los tintes de cordura ganaron por un instante la partida.

 

Aquel tipo, sin percatarse de que era observado fijamente por Zac, pidió a uno de los meseros una taza de la famosa bebida “Paraíso”.

 

Zacarias Guerra  tratando de mantener la ecuanimidad, se levantó de la mesa, sus pasos cortos y tranquilos lo  aproximaron hacia el sospechoso hasta ubicarlo en frente de él.  Miles de cosas vinieron a su mente, pero en realidad no sabia que hacer.

 

Tomó una silla y se sentó en su  mesa, el sospechoso lo vio a los ojos con cara de asombro e interrogación.

 

—Que se le ofrece— le dijo a  Zac sin quitarle la mirada

 

—Soy Amigo de Karina— le contestó Zac

 

— ¿Cual Karina? — preguntó el individuo tratando de hacer memoria— ¡Ah! si ya la recuerdo una preciosa chica que conocí en este lugar el otro día.

 

—Si ella— le contesto Zac.

 

— ¿Y Cómo esta esa bella mujer?

 

— ¡Muerta!

 

Aquel joven dejó ver  una mueca de interrogación;  aparentemente desconocía la muerte de Karina.

 

— ¿Qué…? Pero…¿Como murió?, ¿que le paso? ¿Estaba enferma?

 

—Cuéntame lo que paso ese día que la conociste— le ordeno Zac

 

La seriedad en el rostro de Zac,  no le dio otra opción al sospechoso mas que  cooperar con el.

 

—Aquel día Salimos del Café, ella estaba eufórica,  a  cada dos pasos se colgaba de mi cuello y me plantaba un beso, le propuse que fuéramos a mi casa a lo que ella acepto de inmediato, ¿sabe? vivo solo, soy de Veracruz estoy ….

 

—Y que más sucedió— le contestó  Zac apresurándolo a que siguiera con su relato

 

—En mi “depa”, ocurrió lo que tenia que ocurrir, hicimos el amor, luego ella cambio por completo, se tornó triste e irritable, me dijo que no me quería volver a ver y  se fue, yo trate de detenerla y le pregunte que a donde iría, pero ella cerrando  la puerta al salir me dijo que quería estar con su novio. Eso fue todo lo que paso.

 

Zac solicitó otro Paraíso  el cual fue sorbiendo poco a poco en silencio, disfrutando del aroma del café y de su estimulante sabor, saboreaba lentamente la bebida mientras que trataba de cuadrar sus ideas, mientras que los meseros y aquel joven lo veían detenidamente; así prosiguió como 10 minutos hasta que el rompió el silencio.

—Necesito, que esto que me contaste se lo comentes a la policía— le dijo Zac aquel joven

 

Dos horas mas tarde y después de haber dejado al sospechoso en la Agencia del Ministerio Público sin antes escabullirse de una oleada de insultos provenientes de Artemio Carvajal “el Azul”, Zac se dirigío de nuevo a casa de Rogelio.

 

Al llegar caminó hacia la puerta principal,  se percato de que se encontraba abierta, sin medir las consecuencias o el posible peligro que implica, Zac entró  a la casa. Ante sus ojos tenia una  vivienda amplia, bien amueblada con estilo sobrio. Zacarias Guerra se dirigió hacia una habitación, donde la puerta entre abierta y la música que provenía de ese lugar le hizo suponer que ahí se encontraba Rogelio.

 Empujo la puerta, esta se abrió despacio, muy lentamente, los ojos de Zac  recibían poco a poco las imágenes del interior de ese lugar, quedó ahí parado inmóvil, contemplando a Rogelio quien aun sentado tenia lo que le quedaba de su cabeza sobre un charco de sangre encima de su escritorio de caoba;  sobre la alfombra, próximo a los pies inertes del cadáver, debajo de la silla que aun lo soportaba, se encontraba un revolver calibre .44. En la mano izquierda de Rogelio se encontraba aprisionada una hoja de papel.

 

Zac caminó lentamente hacia el cadáver, sin apartar la mirada de la parte de la cabeza destrozada por el impacto de la bala, trató de liberar el papel que Rogelio tenía fuertemente agarrado, lo estrió por una esquina pero fue inútil, tuvo que  desaprisionarlo abriendo los dedos que estaban fuertemente contraídos. 

 

Tomó el papel y lo leyó detenidamente  sin asombrarse, más bien confirmando lo que Zac ya sospechaba.

 

Horas más tarde en  la agencia del ministerio público el Comandante Artemio Carvajal, ansioso por escuchar lo que el joven Zacarías tenía que decir, lo observaba  interrumpidamente mientras que una secretaria les llevaba  tazas de café.

 

— Y Bien Zacarías— Le dice el Azul— hace unos días me presté a este jueguito de hacerte investigador y ya tengo otro cadáver mas, un sospechoso que no sabe nada e la muerte de Karina, y...  tu con esa mirada de idiota perdido en el infinito.

 

Tras decir esto el Comandante Carvajal, como es su costumbre, súbitamente trasformó su color a un rojo intenso, dejando descubrir las venas que le dan su apodo.  Haciendo gala del florido lenguaje poblado de adjetivos altisonantes explotó

 

— Con una Chin Gada Zac, ¿Sabes que paso o no? ¿La mató El novio?

—No, El no fue

—¿Entonces fue el galán ese, el Veracruzano?

—No, tampoco fue el

—¿Entonces quien Jo.didos fue?

 —Karina, se suicidó.

 

— ¡Que! —  Grito el Azul, ya no solo asiendo honor a su apodo, sino que ya con los ojos casi desorbitados del coraje.

 

 —Karina no podía disfrutar de la sabrosa amargura de una calida taza de café, en el tiempo que fuimos novios solo una vez lo consumió, después de una devastadora pelea que tuvimos afrenté del pórtico de su casa, cuando yo me retiraba después del portazo en las narices que me dio, su madre salió de la casa y me pregunto que si ella había bebido café,

— Que pen.dejadas dices que tiene que ver eso con su muerte, ¡Con un carajo! Zacarias, en verdad te estas ganando pasar un rato bajo la sombra por desvariar y hacerme perder el tiempo.

 

 — A eso voy Comandante, permítame proseguir.

 

“El Azul”, extendiendo lo brazos y apretando los labios exasperado le dio oportunidad a Zac de explicarse:

 

— La madre de Karina me explicó que su hija padecía de una rara condición fisiológica, sufría de una extraña  alergia al café, Lo devastador de este padecimiento es que puede emular los trastornos mentales, produciendo un desequilibrio químico en el cuerpo. La cafeína le podía producir estados de delirio y manía, semejante a la esquizofrenia.

 

 Karina, el día de su muerte  tomó un tipo de café con alta concentración de cafeína, ese café estaba conbinado con chocolate semiamargo lo que disfraso al paladar de ella el sabor a cafe, y peor aun, el sabor delicioso y adictivo de ese brebaje propicio que tomara gran cantidad. La  cafeína en su organismo dio como resultado que tuviera  relaciones sexuales con un perfecto desconocido, lo que a su ves termino en hundirla en un estado depresivo;  se dirigió  a en casa de Rogelio, su novio.  Hizo el amor con este; según lo explica Rogelio en esta  nota, su mensaje póstumo.

 

Karina le confesó a Rogelio que acababa de tener relaciones con otro tipo,  lo que desató la furia de Rogelio,  el cual  la insulto echándola de su casa  completamente  desnuda; Karina corrió a refugiarse de la lluvia de aquella noche a la chochera de la casa, un cobertizo donde aparte del automóvil, se guardan accesorios de jardinería.  Ahí motivada por  depresión causada por la cafeína y  desanimada por el desprecio de Rogelio; tomó un cable de una enredadera, rodeo su cuello, subió a al automóvil, sujeto un extremo del cable a una viga y se colgó.  Rogelio alcanzó a verla todavía con vida, Según lo que cuenta en este papel, vio como ella moría poco a poco y no hizo nada por salvarla, pudo mas sus celos y su coraje que el amor que sentía por ella.  Descolgó  el cuerpo y la arrojo  al estanque de la alameda, bajo la complicidad de una torrencial lluvia que alejo a cualquier curioso en esa alta hora de la noche.

 

Como es de suponerse la apatía de Rogelio por resolver el caso, no era otra cosa que remordimiento y encubrimiento de sus acciones hasta que ya no pudo más y se voló la cabeza. — 

 

Zac terminó su explicación depositando en el escritorio de Artemio Carvajal un pedazo de papel doblado y ensangrentado.  La tristeza y pesar de Zac quedo atrapada en la obscura superficie reflejante del liquido, mientras que llevaba hacia su boca una taza de ese delicioso y aromático café de grano recién  tostado.

 

 

FIN

 

José Antonio Rojas

Torreón Coah.


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