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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por NACHOB00ND
Visitante distinguido
Wednesday 25 de November de 2009 09:29

EL REFLEJO DEL CASTOR

 

 

 

EL REFLEJO DEL CASTOR

 

 

¡Se esta muriendo!

 

Entró a la sala de urgencias con su esposa en brazos, de inmediato un par de camilleros tomaron a Julia.

 

Efrén, observó como se la llevaban a través de un pasillo con luces tintineantes, limitado por frías y sucias paredes color azul cielo. La vio perderse detrás del vaivén de un par de puertas de quirófano, dejando una estela de líquido ensangrentado.

 

– ¿Cuál es el nombre de la Señora?– le preguntó una atareada e impacienté recepcionista.

 

–Julia Martínez de Castor.

 

– ¿Edad?

 

–Veinte años.

 

– ¿Cuántos meses de embarazo tiene su Señora?

 

–Casi ocho...

 

La recepcionista levantó los ojos por primera vez desde que inicio con sus cuestionamientos, le regaló una mirada de compasión, que es lo único que en ocasiones, los hospitales del sector público pueden ofrecer.

 

– Tomé asiento hasta que saber noticias de su esposa.

 

El parto no duró más de tres horas. Efrén consumía el tiempo de un lado a otro, caminando junto a su angustia de padre primerizo  y prematuro, cuando un galeno, uniformado con el típico atuendo de cirujano se acercaba para darle malas  noticias:

 

–Lamento informarle que su esposa murió. Lo siento mucho.

 

Aquellas palabras le sonaron lejanas, e inverosímiles. Balbuceante y confundido armó la siguiente pregunta la cual tubo otra desconsoladora respuesta

 

– ¿Y mi hijo?

 

– Su hijo ha nacido muy pequeño, sus pulmones no se han desarrollado del todo.

 

– ¿Se salvará?

 

Como respuesta obtuvo la imagen del doctor bajando la mirada y clavándola  en el piso.

 

En ese momento en la sala contigua comenzaba una carrera por la vida del pequeño recién nacido. A falta del “ventilador mecánico” que lo mantuviere con vida, el medico encargado de terapia intensiva había asignado a tres médicos internos, la tediosa pero necesaria tarea de proporcionarle el oxígeno mediante una bolsa de reavivamiento, mejor conocida por su marca comercial como "Ambu".

Guadalupe Buendía fue la primera en “ambucear”, se sentó ante el pequeño y mediante la bomba conectada a un extremo del tubo endo–traqueal comenzó a bombear.

 

Apretaba a intervalos constantes con su mano derecha el “globo” que prolongaba la vida al pequeño. Cinco minutos, y tuvo que apoyar a su cansada extremidad con la vitalidad y frescura de su brazo izquierdo, ambas manos continuaron con el ritmo impuesto desde un principio; la bomba impulsaba el aire oxigenado hacia los pulmones del recién nacido, inflando a momentos su pequeño vientre.

 

–Pobre niño– decía Guadalupe al poco rato de ver como el pequeño se aferraba a la vida aceptando la bocanada del elemento vital que ella le proporcionaba.

 

 

****

 

– ¡Imbéciles ignorantes!– reclamaba el Ing. John Francis Scout con el rostro enrojecido

 

Tomó un matraz y lo estrello contra la pared, ahogando su furia, desquitando su frustración e impotencia.

 

De su mesa de trabajo tomó el documento emitido por la secretaria de salud, y lo releyó por quinta vez, tratando de negar lo que en el decía, buscando con esperanza vana, algún párrafo que contradijera la orden determinante del secretario de Salud:

 

DESTRUIR INMEDIATAMENTE LAS CEPAS DEL VIRUS DE INFLUENZA “CZ–14”.

 

– ¡Hay que conocer al enemigo para combatirlo!– se decía arrugando el documento oficial.

 

Desde el rincón, tras un microscopio, Julio Castor, al ver toda la faramalla, trató de contestar el soliloquio que su jefe.

 

–Es por precaución Ingeniero; radicada la influenza hace algunos años, la existencia de una cepa de un virus tan mortífera coma la mutación “CZ–14” y su posible propagación  seria devastadora para la humanidad…

 

El ingeniero Scout apago de súbito el comentario de Julio, dirigiéndole una mirada de desaprobación.

 

– ¿Cuanto tiempo tiene trabajando para los laboratorios Scout, Ingeniero Castor?

 

–Cu... cuatro años– contesto titubeante el joven.

 

– ¿En todo ese tiempo, alguna vez he pedido su opinión? ¡No verdad! Resérvese sus comentarios y termine el Informe.

 

 

                                                        ***

 

Ecos de pisadas inundaron los pasillos del hospital, quejidos y lamentos los seguían.

 

– ¡Lo perdemos, rápido, a quirófano !– grito un Doctor, refiriéndose a un herido, al pasar por la puerta entre abierta donde Guadalupe Buendía continuaba manteniendo vivo al bebé del ahora viudo, Efrén.

 

– ¿A que hora te tenían que relevar?– le preguntó un doctor entrando de improviso dejando la puerta abierta y regalándole infinidad de imágenes del pasillo, donde  todo era  barullo. Camillas, heridos, sangre en el piso, Médicos de uniformes teñidos de rojo corriendo de un lado a otro.

 

–Hace cinco minutos. Contesto la Doctora Guadalupe a la pregunta del Doctor encargado.

 

–Ha explotado un depósito de combustible en  la zona industrial, decenas de heridos están llegando, no hemos conseguido el ventilador mecánico para este niño, no hay quien te releve,  te necesito afuera atendiendo la emergencia. –La letanía de malas noticias llegaron a los oídos de la Dra. Buendía como una declaración de muerte para el bebé.

 

El jefe de urgencias examinó las pupilas del pequeño, que aun  seguía prendido a la vida por las contracciones que la Medico Buendía imprimía a la bolsa de reanimación.

 

–Esta reaccionando favorablemente –indicó –Todo depende de usted Doctora, no habrá quien la releve en las próximas horas y dudo que el ventilador mecánico llegue.

 

Por unos momento, ambos guardianes de la salud  dirigían su vista el uno al otro como tratando de descifrar el destino incierto que el pequeño guardaba.

 

– Cuando estime conveniente doctora, indicaremos la hora de  defunción del pequeño –Con estas terminantes palabras salió de neonatología, dejando con un gran peso sobre los hombros de la medico residente Guadalupe Buendía.

                                                     ***

 

Julio Castor tecleaba un reporte plagado de graficas y estadísticas, donde indicaba “infección total de la humanidad: 14 meses”.  Las hojas 15 y 16 del reporte, contenían una formula química que reforzaba  la vacuna; la única salvación en caso de que la cepa “CZ–14” escapara y comenzara con el proceso de contaminación. Aquella formula le había costado varias noches de desvelo en los dos últimos años, días de arduo trabajo que culminarían con el premio Nacional de Ciencia, no para el, sino para  quien firmaría el reporte y lo presentaría como suyo. –Todo lo que desarrolles bajo  paga y con los recursos de Laboratorios Scout son propiedad del Instituto – Decía el reconocido Ingeniero Bioquímico John Francis Scout, a cada uno de sus empleados. 

 

– ¿Como vas con el informe? –Preguntó el Ingeniero Scout.

 

–Esta terminado.

 

Tomó el legajo de 148 páginas y se lo dio.

 

– ¡Correcto! De inmediato lo mandare a la Secretaria de Salud para su evaluación. Aunque ya se cual será la respuesta ¡Proponerlo para premio! –del bolsillo de su bata sacó una finísima pluma fuente y rubrico la pagina numerada con el 150.

 

– ¿Y el virus? –preguntó Julio

 

–No te preocupes por el, yo me encargo… tu tomate la tarde libre, te lo mereces– palmeo su espalda y se alejo dejando a Julio Castor con ese sabor desagradable que produce la ignominia.

Julio se dirigió a la bóveda frigorífica, se detuvo unos instantes mientras visualizaba sus  planes de noches anteriores.

Abrió el contenedor, de ahí sustrajo  la única dosis de vacuna reforzada que  existía...

 

– ¿Mi teoría de biología cuántica? Condecoración interamericana de salud para El Ingeniero Scout.

y la vació al drenaje del lavamanos; así mismo, en una ampolleta de 2 mililitros...

–¿Mi formula química para un insecticida biológicamente inocuo? Premio Nacional de ciencias y tecnológica para el Ingeniero Scout.

 

Introdujo una solución inyectable con gran cantidad del virus “CZ–14” y...

 

–¿Mi informe sobre el desarrollo y combate del virus "CZ-14"?: Seguro que otro premio al Ingeniero !Scouuuut!

¡Se inoculó!

 

                                                      ***

 

La Doctora Buendía tenía entumidos los brazos, ya no podía más, sabía que cualquier leve cambio en el ritmo de respiración del bebe podría traer consecuencias neurológicas y mortales, sabía que no podía parar de proporcionarle oxigeno,  lo veía tan frágil, tan inocente, tan dependiente de ella.

 

–¿Que quieres ser de grande?– le decía tiernamente  al ver su rosado cuerpecillo abultarse a cada soplo del “Ambu”– Tienes cara de doctor ó de artista; ¿Serás deportista?. Tal vez en mis manos tenga la vida de un escritor…

 

                                                      ***

Julio Castor salió a la calle silbando; en el primer bote de basura, desocupó los bolsillos de su pantalón, dos hojas de papel arrugadas, marcadas como pagina 15 y 16 cayeron al fondo del contenedor de desperdicios.

 

Julio Castor se alejó riéndose, se sabía infecto e iniciador del fin.

 

                                                      ***

La Medico barajaba las posibles opciones en el futuro del bebé para intentar olvidar un poco la fatiga de sus extremidades, cuando en eso, eludiendo  la seguridad, lo que no fue difícil por el alboroto de la emergencia medica, entró Efrén, padre del prematuro.

 

–¿Como esta mi hijo Doctora?– preguntó amortiguando su voz para no inquietar el sueño del pequeño.

–No le garantizo que sobreviva– respondió, no la doctora, sino la mujer vencida por el cansancio.

 

–¡Sálvelo! Por favor salve a mi pequeño Julio.

 

–¿Julio?

 

–Sí, se llamará Julio, como su madre, Julio Efrén Castor... ¡Sálvelo  por favor, por lo que más quiera es lo único que me queda…!

 

 

José Antonio Rojas G.

Torreón Coah.

 

 


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