Acceder al foro

Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

me
autor Escrito por NACHOB00ND
Visitante distinguido
Monday 21 de December de 2009 18:48

EL FORENSE

EL FORENSE

 

Fue risa, calidez y pasión, aunque aseverarlo sea subjetivo.

 

Busco en sus entrañas lo que queda de ella y me pregunto si será lo que queda de mí. ¿A donde se escapo  lo que a mi me mantiene ahora y en este instante curioseando entre sus heridas?

 

Le doy vuelta y reviso una vez mas  el dolor plasmado en su piel, en  marcas  que a pesar de que ella ya no está, aun siguen ahí vociferando y demandando. Marcas de dientes que  hablan, carcajadas moradas platican la historia de su muerte, que es el principio para conocer su vida.

 

Escudriño en rincones ocultos y obtengo mas esencia de lo que fue, de lo que es, sustancias amorfas de consistencia gelatinosa yacen en oquedades muertas. Infecciones purulentas niegan que el cuerpo inerte, no genere vida.

 

La distancia de sus  caderas contradice la edad que la métrica de sus huesos  me indica. Aunque esa separación denuncia un oficio, manía ó un gozo que se convirtió en adicción, esa deformación pélvica justifica la vestimenta escandalosa y mínima que porta…

 

Aceitunados, delineados,  cristalinos y llenos de paz, con una eterna dilatación, con un vacío permanente pero llenos de paz.

Dejo de ocuparme de sus ojos y vuelvo  a examinar la herida en su cuello, observo cinco centímetros de piel rasgada, los bordes se abren hacia fuera, otra seña mas de una vida cortada de tajo.

 

Su nariz amoratada y abultada, un deforme respingo del pasado. Sus labios rosa pálidos, desteñidos a fuerza de besos, de maltrato y de desilusión.

 

Sé el como, el cuando, el donde y el porque, ¿El quien? no me toca a mi develarlo, ya lo intentaran descubrir ellos, los agentes del ministerio publico, los de homicidios o quien se le asigne la responsabilidad de aclarar esta muerte. Hasta aquí llega mi labor.

 

Regreso las viseras a su estómago abierto como rosa madura de verano;  desvisto mis manos del  látex y huyo del lugar de los hechos en espera que alguien descubra el cadáver…

 

 

La mañana trae consigo el ruido del progreso, el repiquetear de mi teléfono móvil  me invita a levantarme.

 

La llamada duro cinco minutos, mi encomienda estaba  pactada. Analizar el cadáver de una joven dedicada al meretricio, encontrada muerta  en una casa abandonada al oriente de la ciudad.

 

Mientras conduzco rumbo al anfiteatro,  el mundo me parece mas vacío que antes, no le encuentro sentido. Publicidad me bombardea <<Viva mejor y adelgace de peso consumiendo yogurt marca X>>  anuncian en el radio de mi automóvil para después, mediante una canturrata boba invitan también a comer papas fritas. ¡Puag!

 

Seres vacíos cruzan ante mí. Manada de idiotas en busca de la felicidad. La gran quimera.

 

¿Que define su  felicidad? ¿Acaso el placer? ¿Ese placer que arroja al alcohólico  empedernido a arrastrarse entre sus vómitos y orines? ¿Ese placer que busca la carne sin importar fidelidad ni género, que arruina inclusive su salud tan  solo por un momento de sensación hormonal y corpórea?  ¿O Comer? ¿Hartarse  atiborrando el cuerpo de grasa y excremento?

 

¡Bestias adictos a su endorfina¡

 

¿O a caso la  felicidad viene de la satisfacción inigualable de someter a los congéneres a sus designios? No hay nada más placentero para algunos que ostentar el poder y mantenerlo; Pagar para que un miserable limpie el excremento de sus zapatos, lustre y abrillante sus pasos.

 

 ¿O la  felicidad radica en aquellos ignorantes que luchan por hacer pasar sus deficiencias de conocimiento como verdad, como únicos predicadores de lo cierto? Ciegos pelándose entre ellos por algo que ninguno posee

 

¿O la religión?  ¿Cuál? Cualquiera es lo mismo, un cuento de trama incoherente con diferentes personajes. Un grupo de encomiendas morales con el fin de cegar al pueblo y mantenerlo esclavizado, doctrinas que en la letra buscan el bien pero en la realidad fallan al ser practicadas por seres atroces y carentes de moral, esos seres que se hacen llamar humanos y que carecen de toda humanidad. Manada de idiotas que ante la menor provocación olvidan la ley de religiones inventados por ellos mismos.

 

!Estúpidos huérfanos creadores de dioses!

 

El semáforo me invita a continuar a pesar de que la gente hace caso omiso y sigue cruzando por delante.

 

 

 Al llegar ya me esperaba ella, mas maltratada de lo que yo la deje anoche, su vista perdida  no me reconoció, pero sus heridas si, mi tacto repasa lo hecho en mi casa y lo escudriñado en el punto de abandono.

 

Termino y emito mi informe que servirá de  base para la  investigación. Los acercara más a mí. Un pista fundamental son las marcas de dientes, huella inconfundible del asesino; con encontrar al sujeto que le faltan dos molares del cuadrante superior derecho,  darían con el asesino.

 

- ¡Con migo! Pensé al momento que ofrecía una sonrisa y el informe forense al jefe del departamento de homicidios. ¡Inútil ciego! 

 

Me siento en un pequeño banco plateado frente a varios cadáveres,  y me pregunto a donde se fue de ellos lo  que me mantiene aquí y ahora pensando en cometer otro crimen.

 

Entra el comandante Augusto Moreno, jefe del departamento de homicidios. Sus ojos muestran una sagacidad no vista anteriormente, se planta ante mí.

 

-Hemos dado con el culpable- Me dice muy serio, yo  me siento liberado, le pregunto que es lo que tengo que hacer mientras me levanto del cómodo asiento de metal y asumo con resignación y felicidad mi arresto.

 

 

Pero no, no viene por mí. El comandante  Augusto Moreno quiere que  corrobore las placas dentales de un  sospechoso.

 

Expone ante mí unas radiografías mal tomadas de un desconocido; desconcertado le pido una explicación y me dice que un pordiosero confesó este, y otros cuatro crímenes.

 

¡Maldito obtuso!

 

Observo las placas, no coinciden con los marcas moradas, ¡Claro que no! No son mis dientes. La fractura del primero y segundo molar derecho revela en la radiografía la prisa de sus  agentes  por encontrar un culpable

 

–Dudo que sea… pero déjeme analizarlas detenidamente…– Digo mientras ansío viajar como lobo sediento de sangre por los tugurios y las vidas perdidas, recorrer las mal olientes calles pululantes de pecado…

 

 

La noche llega, la hora de la búsqueda comienza, mi corcel negro trota despacio sobre el asfalto húmedo que emana olores fétidos producidos por las bestias que lo transitan, atravieso un grupo de locales donde regordetas mujeres ofrecen sus flácidas vergüenzas sin el mayor pudor, ninguna me motiva a dejarla viva, estaciono mi vehículo y examino por el retrovisor a una mujer que tambalea sus pequeños pechos con el vaivén de sus pasos, su rostro es bello, ¡No por mucho tiempo…!

 

La invito a subir a mi coche, me pide que vallamos a un tal hotel galicia, le informo que yo no soy de hoteles y hago rugir el motor de mi automóvil tratando de impresionarla, me siento estúpido e hipócrita como todos, presumido y prepotente, ¡Tan humano que me doy asco!

 

Llegamos a mi domicilio, en su mirada no veo la codicia de las anteriores, mas bien un leve rubor al ver lo grande de mi casa.

 

Entramos. Tomo el control remoto del equipo de sonido e inundo la habitación de con la música de Robert Schumann.

 

Me pregunta que donde lo haremos, no respondo. Le doy una copa de un exquisito vino chileno, da pequeños sorbos y me observa como presa asustada, como animalito a la expectativa de los movimientos de su depredador.

 

Estoy desconcertado, no es la típica mujerzuela que pregunta mi profesión, alaba mis muebles y me llama “papito” cada vez que termina una frase, no me dice que me va a hacer cosas ricas si me porto generoso. Ella se limita a observarme, a bajar la mirada cuando se cruza con mis ojos para retomar casi de inmediato mi imagen con miedo.

 

La pregunto su nombre, me miente.  Insisto por una respuesta real, –Sofía –responde. Suena más mundano que Margoth, pero le va mejor.

 

No se que me pasa, estoy hablando con ella y no platicando con su cadáver. Sí,  tengo curiosidad de conocerla pero aun sigue viva, aun no he espulgado en su pasado, no he leído la historia que guarda el libro de sus entrañas

 

–¿Cuantos años tienes? –Pregunto sorprendido de su timidez, de cómo el juego ha cambiado. Me asombro,  no por su tierna edad, sino por preguntarlo y no obtenerlo mediante métodos científicos, mediante cálculos de peso volumen y métrica.

 

¡Maldición! me siento tan estúpido.

 

–¿Veintiún años? Estas muy joven ¿Qué haces en esto? –Pregunto a sabiendas de que yo mismo podría deducir sus respuestas.

 

Comienza a esquivar  mis cuestionamientos. Pregunta qué si lo haremos,  me dice que tiene que volver a su esquina.

 

 –¿No te interesa el dinero? –Intento alentar la codicia.

 

Desciende  lentamente la mirada al piso, con movimiento afirmativo de su cabeza acepta sumisa la propuesta

 

¡Me mata! Yo esperaba otro tipo de reacción: Una mirada codiciosa,  un “¿Cuanto mi rey?” o algo así…  pero ella no es igual a las demás, y esto despierta en mí, mas curiosidad.

 

Saco de mi cartera  un par de billetes que cumplen con la tarifa pactada.

 

–Toma esto, ya es tuyo, ahora deja de preocuparte por el tiempo y platiquemos, que ya habrá mas de ésos…

 

Me platica de su tía, la mujer con quien vive. También habla del rancho que dejo a los quince años para venir a esta ciudad. Me comenta la escasez y  la salvación que ha sido para ella este  oficio. Habla de su hijo de lo pequeño y frágil que es. Un destello poco característico, alumbra sus ojos; sus palabras adquieren más seguridad cuando habla de Jose Maria  “Chema”, su hijo con síndrome down.

 

Ese brillo nunca lo había detectado en mujer alguna, recuerdo a mi madre pero no recuerdo ese brillo en sus ojos, conozco a muchas mujeres que ostentan la maternidad pero carecen de ese tintineo.

 

–¿Y el padre?

 

Ella agacha la mirada nuevamente y confirma mis sospechas. La dejó al enterarse  de la carga que seria el niño, no lo culpo yo haría lo mismo… ¡No! yo no haría eso ¡Yo no soy igual que el iluso con que se metió con  esta desdichada! Yo no hubiese engendrado, ni siquiera me hubiese involucrado con alguien como ella, yo no soy igual a la manada de idiotas que hormiguean saliendo de mi hogar…

 

Me pregunta que si soy casado.

 

–No, y tampoco tengo novia, si así fuera no andaría comprando sexo ¿no crees?

 

Mi lógica no la convence, comenta de la infinidad de esposos, novios, amantes, párrocos y demás que por “lógica” no comprarían sexo, pero sin embargo  acuden a raudales en busca de servicios de ese tipo.

 

Su comentario arranca una carcajada de mi boca, una reacción inesperada, una empatía mal sana. ¡Me Asusta! ¡Me Mata!

 

–Toma …– le doy un puñadote billetes cuya denominación ignoro, le pido que se marche, le digo  que estoy cansado.

 

 

Hoy llegue tarde al trabajo, Me siento mal, no pude dormir...

 

De la bolsa  de mi bata saco una botella de yogurt y bebo su contenido, el sabor me agrada;  hacía años  no lo probaba.

 

Tomo la ruidosa bolsa de papas fritas y la abro; degusto el  sabor  de las hojuelas doradas que difiere bastante al queso y pan de centeno que acostumbro desayunar, pero me gusta, la explosión de sabor que produce el exceso de sal me gusta.

 

Suena el teléfono he interrumpe mi almuerzo… Es el Comandante Augusto Moreno quien  me pide que por favor confirme mediante un escrito la exacta concordancia de placas dentales y huellas de mordidas en el cuerpo de la prostituta acaecida anteanoche.

 

Me niego, le digo que analizándolas se ve que sus hombres no hicieron un buen trabajo al fracturar los molares, cualquier ciego lo notaria. Augusto Moreno bufa por el auricular, maldice he insulta a mi fallecida madre. Carcajeo su inútil aspavientos y le cuelgo.

 

Putrefactos insectos, como odio tratar con ellos, –¿Con quien? —  pregunta  un medico residente que quiere especializarse en medicina criminalística.

 

–Con todos esos entes sudorosos carentes de inteligencia que por casualidad andan en dos patas sin saber que son simios. ¡Aberraciones de la naturaleza!  

 

 

La noche llega y cubre de nuevo mis andanzas, trota su manto por el firmamento  mientras que mi corcel avanza al encuentro de mi victima, de alguna golfa que facilite su cuerpo no para lo que ella piensa sino para saciar mi sed de sangre.

 

Estaciono mi coche, se me acerca un ser, un hombre que vende sus dignidad a cambio de lo que el supone placer, -¿Eres un ángel? le pregunto, Siii, responde emocionado dando brincos el maricón. –¡Pronto estarás en el infierno!–Pienso ante su putrefacta reacción.

 

 Le invito a subir en el preciso momento que mis ojos la descubren a la distancia. ¡Es ella!  Su minifalda entallada, su estructura ósea perfecta, su bella cara y su mirada tímida que no alcanzo a observar pero se que la lleva consigo.

 

 ¡Bajate! le grito al transvesti, –Hay tosco– me reprime de una manera que da nauseas. Enciendo el automóvil y conduzco despacio mientras hago señales con las luces para llamar la atención de ella. Me ve y se dibuja en su rostro una leve sonrisa, acelera sus pasos a mi encuentro.

 

–¡Sofía!

 

La Saludo como si fuéramos grandes amigos. ¡Amigos! esa es otras palabra que siempre ha carecido de significado.

 

La invito a subir y nos marchamos de aquel  lugar, contemplo su mirada, su rostro sonrojado, siento una rara emoción, más extraña e intensa que la primera vez que destacé un cuerpo…

 

 

Disminuyo las luces de la estancia de mi casa. Descorcho una botella de un tinto excelente; mientras que el contenido baña el interior de su copa le explico de las características de la bebida: Aroma intenso a frutas rojas maduras, notas tenues de roble, vainilla y caramelo. Le platico del Valle del Duoro, lugar de origen de la exquisita bebida que le acerco a sus manos, Ella me regala una mirada de sorpresa y recibe mi información con interés. Abuso de su atención, ligo temas y temas. Mis palabras deambulan por Europa, por sus castillos y leyendas, desde Parsifal hasta  Iván el terrible.

 

Ella me platica del sol escondiéndose detrás de unos cerros vistos desde la ventana de la casa de sus padres en el rancho.

 

Habla del dulce olor cuando las nubes copulan con la tierra, preñándola con una leve llovizna. Me describe el intenso aroma de las flores de campo generosas en cantidad y variedad.

 

Me platica de los higos blancos  y de sus faenas  para cortarlos. Agacha la mirada y tonos de tristeza la ensombrecen, me habla de  sequía, de escasez, del abandono y muerte de sus padres, del engaño y la traición de quien fue su primer amor…

 

Como trascurre rápido el tiempo cuando uno aparta la realidad y se desliza por los recovecos del pasado…

 

Son las cuatro de la mañana. Estaciono el vehículo a mitad de una calle en una colonia de nivel medio, ella señala la casa con fachada de color rosa, un barandal blanco resguarda un minúsculo jardín floreado. Su vivienda no describe miseria; comprendo que su oficio le da para vivir bien, además de confirmar que se encuentra lejos de vicios que distraigan su economía. Le doy unos billetes y ella sorprendentemente los rechaza. Dice que con lo que le di la noche anterior tengo cubierto este y otro encuentro.

 

Una sensación me invade al escuchar sus palabras, lo primero que viene a mi mente es que al mencionar otro encuentro más,  ella quiere que nos volvamos a ver.

 

Me alejo desconcertado, no me reconozco. Yo en la calle a esas horas de la madrugada sin mis manos ensangrentadas, ¡Sin haber asesinado¡ y con la misma emoción corriendo en mi cuerpo que cuándo destruyo una asquerosa vida. No, esto no es normal, no quiero seguirla viendo, no me hace bien ¡Me Mata! …

 

 

Estoy analizando el cadáver de un anciano que según nota póstuma,  se suicidó. El orificio de entrada del proyectil, indica una trayectoria de arriba hacia abajo. -Una posición muy incomoda y poco usual para sujetar una pistola al suicidarse. La nula cantidad de pólvora encontrada  al rededor del área de impacto, indican que la pistola estuvo a una distancia considerable del occiso  a la hora del disparo.

 

El tono muscular en los brazos y manos indican que este sujeto fue zurdo.

 

Amenos que este anciano fuese contorsionista no se como pudo suicidarse de un balazo en el parietal derecho…

 

Entra el Comandante Augusto Moreno a paso acelerado. Me pide de manera prepotente el informe de la mujer asesinada días atrás.

 

Le reitero que las placas dentales que me presentan no son concluyentes para la acusación de su sospechoso. Ya le había dicho esto por teléfono al imbécil.

 

¡No hay nada mas nefasto que un idiota con poder!

 

Con violenta actitud me empuja, los residentes que me acompañan escrutando el cuerpo, observan desconcertados pero nadie se anima a interferir.

 

Exaltado comenta  que la investigación de meses atrás para encontrar al destazador de mujerzuelas esta bien sustentada, que todo indica que el  asesino es ese infeliz pordiosero que tienen arrestado; sólo necesita mi cooperación para cerrar el caso.

 

Analizo la situación, su yugular  ante mi, solo una leve incisión y un idiota menos en este muladar...

 

Aprisiona mi camisa entre sus mano, retiro el tapabocas de mi cara y le respondo ¡Que no!. Que ese pordiosero no puede ser el asesino, los dientes no coinciden.

 

-Deje de quitarme el tiempo y dedique se a investigar- concluyo mientras retiro su mano de mí.

 

Acomodo el tapabocas y hundo mis dedos en la fractura craneal del cuerpo que tengo en la plancha. Mientras que me reconforto tocando la blanda materia gris, escucho sus amenazas. La sensación de chapotear con mis dedos la acusa cavidad  me mantiene en un letargo, me hace ignorar al mediocre comandante...

 

 

La tarde en mi casa se ha vuelto un suplicio, mi vivienda claman la presencia de ella, de la única mujer que no expiró en el límite de sus paredes.

 

Mis ansias por buscarla me queman

 

-¡No!

 

Tal vez si salgo y busco a quien destazar se calme esta dependencia estúpida. No es posible que me deje abatir por alguien, por un ser tan común como cualquier otro, tan ordinario, ¡Por una prostituta!

 

Sí, saldré a desconectar de la conciencia a algún infeliz, buscare en la entrañas de  una ramera el sentido de mi vida,  trazaré mi destino con las marcas de mis dientes, enloqueceré a los diarios y a la policía. ¡A esos entupidos que creen que ya tienen bajo resguardo al asesino!

 

Me arrojo muy temprano a la infecta ciudad, son las seis de la tarde, no creo que las pájaras nocturnas revoloteen por las calles a esta hora. Doy varias vueltas por diferentes calles, como loco recorro la ciudad realmente sin buscar a nadie; hasta que turbado sudoroso y emocionado estaciono mi automóvil fuera de la casa de Sofía.

 

Espero unos instantes y me lleno de valor o de estupidez. Salgo del automóvil rumbo a su casa…

 

 

Abre la puerta una mujer muy mayor, de inmediatos su cuerpo me platica de ella: su piel arrugada y desquebrajada habla de una desnutrición a muy temprana edad. Su dentadura postiza, un mal trabajo de  un ortodoncista, mantiene su boca entreabierta constantemente.

 

-¿Disculpe Señora, se encuentra Sofía en casa?- mi pregunta le desconcierta,  esto indica que no muchos hombres vienen a buscarla.

 

Mi buena estampa y mi vestimenta me abren la puerta de ese domicilio y no la amabilidad de esa mujer ¡Lo sé!

 

Sentado en un sofá cómodo pero de pésimo gusto, observo el entorno. Adornos baratos inundad la estancia. Múltiples fotografías tapizan las paredes, la mayoría de su hijo; un pequeño con la fisonomía típica del síndrome down, sonriendo, como suelen hacerlo todos los aquejados por esa condición.

 

No termino de contemplarlo en las imágenes  cuando aparece en escena. Un regordete niño dando brincos se aproxima hacia mi. La edad es muy difícil calcularla en ese tipo de personas, a simple vista  mi estimativo arroja unos seis años.

 

-Como estas- me pregunta el infante.

 

Tras mi contestación de bien, toma  mi mano y la zarandea en un efusivo saludo.

 

Aparece Sofía, ¡Más bella que las ocasiones anteriores! Sin la minúscula falda y la mínima blusa. Lleva un pantalón de casimir color plomo, una blusa blanca sin mangas de cuello redondo. Su vestimenta no despierta bajas pasiones sino que exalta su belleza natural.  Me mira, pero como si viese directamente al sol, mis ojos la obligan a desviar  su vista, mientras que de una manera dulce retira su pelo de la cara.

 

Me informa que él es Chema, señalando al niño que sujeta mi mano, yo pongo una estúpida cara de sorpresa, como si su condición genética no me lo hubiese avisado desde que llegue.

 

 

¿Y ahora que?… me repetí cuando salimos de su casa y lo mismo me pregunto en este momento, entrando al cine con una prostituta  y su niño. No se como demonios se me ocurrió proponer este plan y tener que  forzar a Sofía para que lo aceptara. Aunque debo conceder  que a pesar de su condición, el pequeño no es el típico latoso. Heredó la timidez de su madre…

¿Te gustó este tema? puedes compartirlo, ¡es gratis!

Hay 17 respuestas al foro

Hola, para seguir leyendo por favor identifíquese con alguna cuenta:
no está identificado, debe identificarse para leer el resto del escrito.