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autor Escrito por NACHOB00ND
Visitante distinguido
miércoles 21 de diciembre de 2011 17:38

EL INCONFUNDIBLE AROMA DE LA NAVIDAD

EL INCONFUNDIBLE AROMA DE LA NAVIDAD

 


-¿Cuál es la navidad mas antigua que recuerdas? -Me preguntó Alan, mi hijo. Ese muchacho de preparatoria me conoce bien, sabe que fibras sensibles tocar o cual es el botón de encendido para que yo le cuente lo que a el le ha dado por llamar, mis aventuras de juventud. Mientras un semáforo en rojo ponía la calma a nuestro recorrido rumbo a su escuela, complací a su petición:
 
-Lo que mas recuerdo hacia tras, mmm déjame ver… a ya se: fue un veinticuatro de diciembre por la mañana, mi edad quizás cinco o cuatro años. Me veo corriendo por un pasillo, yo estaba envuelto en suéteres a causa del frío. Es la vecindad donde vivía mi abuela en el centro de esta ciudad entre las calles de Presidente Carranza e Hidalgo. Recuerdo que de niño corría con los ojos clavados en mis zapatos, y esa vez no fue la excepción.

Disfrutaba el movimiento de mis pies viendo como esos dos entes negros y raspados me llevaban a través del piso de mosaico, de un patio bordeado por macetas y plantas; con rumbo, casi siempre a aquella edad, a la casa de Doña Lucita, mi abuela. Detuve mi carrera a unos pasos de la entrada, metí mi mano dentro de la manga de mi chamarra y empujé la humilde puerta de tablones de madera vieja y astillada. Inmediatamente fui recibido por aquel olor que se repetiría año tras año, el cual aquí y ahora lo tengo tan presente en la memoria que no se si sea el olor del pasado o el olor del presente. Era ese aroma fuerte de la gobernadora, que su intensidad no opacaba a lo tonos mas tenues pero perceptibles del musgo y el heno. Ese perfume no era otra cosa que el anuncio inconfundible de la Navidad.

Al entrar a la casa de mi abuela busqué en un rincón, el cual en ese instante y no ahora, recordaba que ella ahí solían poner el Nacimiento. Me encantaba esa representación del Belén, esa tradición de diseñar en un espacio de la casa el lugar donde nació Jesucristo.

Se que ese no fue el primer momento que veía un nacimiento. Sea como haya sido, yo estaba ahí, ante un pequeño pesebre vació ensamblado en la cima de la ficticia montaña de niveles cuadrados, cuyo forro de heno dejaba ver, en ciertos espacios no poblados, los velices de lámina semi-oxidada que formaban su estructura interna. En cada nivel estaban pequeñas figurillas de barro que representaban a los moradores de aquel Belén a la mexicana. Me gustaba mucho verlos, imaginarlos en movimiento, presos de los quehaceres cotidianos propios de la figura que representaban.

Había muchos pastores, borregos y gallinas. En la parte baja de la montaña en una pequeña llanura de heno se encontraba un espejo cuadrado como de diez centímetros donde reposaban unos patos y cisnes de plástico. A un costado de la montaña estaba una figura que yo nunca veía de frente. Entre parpadeos constantes, cerrando y abriendo los ojos, haciendo muecas que la familia siempre me festejaba diciendo: “Miren, Toñito esta haciendo ojitos”; intentaba yo ver también a ese tradicional personaje, al diablito del nacimiento. No sabría definir por que mi abuela lo incluía, quiero pensar, que sin el mal no existe el bien, o como para reafirmar que no obstante de que existe el pecado y las tentaciones, la virtud siempre triunfa. Sea cual fuere el caso yo nunca lo veía de lleno.

Algo curioso ocurrió aquella mañana durante mi recorrido por la representación del nacimiento, mientras que con mi mente, una traviesa brisa despojaba de sus cocos a la palmera de barro, mis ojos se toparon con un elemento completamente fuera de lugar. Quedé sorprendido, entre maravillado e indignado. En uno de los montículos de musgo que junto con las piedras de río delimitaban el área del Nacimiento ¡Estaba una figura de lucha libre! Si, un juguete, una efigie de acción de plástico macizo que emula a los gladiadores enmascarados del cuadrilátero. Mi rabia creció, cuando siguiendo esa línea de musgo fui descubriendo todo un batallón de aquellas figurillas colocadas estratégicamente como resguardando los limites del pequeño Belén.

Yo sabía que aquel lugar era sagrado, valla que lo sabía. Algún recuerdo perteneciente al niño de cuatro años que fui le indicaba miedo. Si, miedo a una reprimenda, miedo a un manazo. Como todo niño curioso en algún momento de mi tierna infancia anterior a ese capitulo debí de haber intentado jugar, no solo con mi imaginación, sino tomando y desacomodando las piezas del Nacimiento. Aquellas andanzas de mis manillas traviesas debieron costar la baja de algún pastor, así como también, ganarse algún manazo.

¿Pero cuál niño? Si en casa de mi abuela paterna, por aquella época, ¡El único niño que había era yo! Me enfurecía que algún otro niño, un extraño, usurpara mis funciones, aunque fueran las de ganarse un regaño.

Aquellos luchadores esperaban acción. Sus palmas de las manos a lo alto, con sus dedos separados, era indicio de que buscaban a otro contendiente con quien entramparse en una batalla. No, aquí un niño desconocido no había jugado, ¡Seguía jugando! Dejó acomodado todo para que aun sin el, a la distancia, su juego continuara. ¿Pero quién, quien había sido?...

Interrumpí la marcha de mi automóvil. Habíamos llegado a la escuela de Alan lo que puso fin a mis remembranzas, pero no a la curiosidad de mi hijo, no se quería bajar del vehículo hasta saber lo que había pasado. Le prometí que en otra ocasión le terminaría de contar y me dirigí a la empresa donde laboro.

Estaba atrasado con el calculo de los aguinaldos pero no me preocupaba, el recordar una navidad de mi infancia me había motivado, es como si me hubiese impregnado del espíritu navideño del que los adulto solemos olvidarnos y que los niños lo tienen muy presente, tan de ellos que no creo que nazca, como muchos piensan, únicamente por la promesa de un regalo.

Cuando la señora Martha recién había acomodado el pino artificial junto a la cafetera y se disponía a poner la primera esfera, se abrió la puerta principal de la oficina. Mi cubículo estaba a unos cuatro metros de la entrada, así que una brisa fría me indicó que alguien había llegado. Seguí en lo mío, no presté atención a la visita hasta que la voz de la secretaria recepcionista me llamó:

-Ingeniero, buscan al contador, ¿los podría atender usted?

Junto a la recepcionista estaban dos auditores. El con un maletín colgado a su hombro y ella con una tableta de anotaciones.

-¿En que les puedo ayudar? –les pregunté.

-Somos del servicio tributario, veníos ha hacer una intervención a la caja. Comentó el tipo mientras que observaba a su alrededor como queriendo valuar todo lo que tenía a su vista.

-Aquí esta la orden. -Intervino ella– Desde hoy en la mañana se giró un oficio a la cámara nacional bancaria para que congelen todas las cuentas de esta empresa.

-Debe haber una equivocación señores, hasta donde tengo entendido nuestra empresa esta al corriente con sus impuestos y obligaciones.

-¡No señor! según el sistema han dejado de pagar por concepto del impuesto al valor agregado. –Señaló el tipo que no dejaba de observar todo el mobiliario de la oficina

-Rosario, por favor localice al contador y al Sr. Rivera.-Le solicité a la secretaria quien presenciaba, de manera disimulada pero sin perder detalle, de la situación.

A la mañana siguiente mi cabeza estaba embolada. La situación de la empresa se había tornado crítica por tal motivo los dos primeros semáforos en rojo rumbo a la escuela de Alan, me sirvieron para perderme en el espacio, en un punto cualquiera donde mi vista se fijara y mi mente reflexiona. Pero en el tercer Semáforo Alan no pudo mas y me exigió: -Papa, ¿Me vas a terminar de contar que pasó en tu primera navidad o que? -Su reclamo fue como un estrujón a mi mente. Mis ánimos no estaban para rememorar navidades pasadas pero una promesa es una promesa. Así que no de muy buena gana proseguí:

En que me quedé, a, si… No se explicaba quien había dejado los luchadores.

De un lugar fuera de mi vista, la cual siempre estuvo capturada por el Nacimiento, una voz ronca, cansada y gruñona me comenzó a reclamar: -Niño, deja ahí no juegues con el nacimiento.

Al girar mi cabeza a la derecha, mi abuelo, más bien mi bisabuelo, me recriminaba apuntándome con su bordón.

-No abuelito, yo no he agarrado nada. -Le dije

-¡Como no! Si yo te estoy vigilando.

-Es que alguien dejo aquí sus…

-Luz, hija, este niño te esta “reburujando” el nacimiento, ¡Luz!.

A mi bisabuelo sus noventa y tantos años no le permitían aceptar explicaciones. Sin dejarme terminar llamaba a mi abuelita para que me aplicara el castigo correspondiente. Mi mejor defensa fue salir corriendo, puse en marcha mis pies y corrí , ahora de regreso por el pasillo pero ya no viendo hacia abajo, sino que anegando mi vista a todo, con mis ojos cerrados bien apretados pensando que con eso mitigaba un poco los gritos de mi bisabuelo.

Para recorrer el pasillo de la vecindad no necesitaba la vista al frente, sabia cuantos pasos eran, claro está, sin contarlos por que aun no había aprendido a contar, pero ese pasillo ya lo había recorrido tantas veces en mi corta vida que ya lo sabia de memoria. Mi casa estaba saliendo de la vecindad en la siguiente puerta a la izquierda. Siempre se me veía yendo de un lado hacia el otro y de regreso. Así que mi sorpresa fue mayúscula cuando topé. Aun con los ojos apretados sentía el frió piso en mi espalda. Los abrí poco a poco, no se si tratando de reponerme de la pequeña conmoción o por la invitación de una voz cariñosa y agradable a pesar de que sus palabras eran en tono de reprimenda.

-Hay Toñito, tu siempre corriendo sin ver a donde vas. –dijo mi abuelita.

Extendió uno de sus brazos para levantarme mientras que en la otra mano sostenía una pequeña bolsa con unas cuantas piezas de pan dulce. Ella venía de la tienda.

-Anda, levántate vamos a casa a que te comas un pan.

-“Ague”, -así le llamaba de cariño a pesar de que a esa edad yo ya articulaba bien las palabras- mi abuelo me esta regañando por algo que yo no hice.

-A que tu bisabuelo, ya esta grande, muchas veces no sabe lo que dice le debemos guardar mucho respeto, cariño y tolerancia. ¡Sobretodo tolerancia!

-Pero me acusa de jugar con el nacimiento, de poner unos monitos de luchador entre las figuras, pero yo no he tocado el Nacimiento.

-¿Unos juguetes de luchador? Hay tu bisabuelo, tu bisabuelo. Esperarme un momentito aquí en la puerta no pases. –Me dijo cuando llegamos a la entrada de su casa

Yo permanecí obediente pero ansioso. Creo que brincaba en un pie y en otro por que cuando regresó mi abuela, tras esperarla unos largos minutos, me preguntó que si me andaba del baño. Cuando por fin me permitió entrar vi a mi bisabuelo sentado en una silla junto al Nacimiento, con el bastón aun beligerante siguiéndome en todas direcciones como quien apunta una escopeta. Yo me senté en una silla enfrente de el sin perderlo de vista, esperando que se descuidara para echar un vistazo a la representación del Belén.

-Tenga papá. Le dijo mi abuela cuando regresó de la cocina trayéndole un jarrito y un plato con una concha de chocolate. En ese momento que mi bisabuelo dejó de verme, aproveché su descuido y volteé a ver el Nacimiento. Cual seria mi sorpresa, los luchadores habían desaparecido.

-¡Ague! Los luchadores ya no están.

-Cuales luchadores mi niño, cuando yo entre no había nada

-Si, ¡ahí estaban entre el musgo!

-No, mira yo creo el niño Dios te mostró un poquito en su inmensa bondad, te dejo ver lo que hoy en la noche te regalará.

-Ese muchacho juega con el Nacimiento –Intervino mi Bisabuelo, apuntándome ahora con una concha mordida.

-Hay papa, Usted es el que no debería de agarrar cosas ajenas, no esculcar en el ropero, y no jugar con el nacimiento.

Esa última afirmación de la abuela me produjo una explosión de carcajadas al imaginar a mi bisabuelo embrocado sobre el nacimiento, con un pastorcillo en una mano y en la otra una vaca, mugiendo como toro.

Cuando llegó la noche, el ambiente se sentía especial, diferente, en la calle los niños corrían y reían, algunos con luces de bengala en la mano, los más osados y traviesos haciendo volar por los aires latas vacías con la ayuda de fuegos artificiales. En casa de mi abuela la navidad empezaba con un rito muy especial. Mi papa, mi mama, mi tío Ricardo y su novia estaban afuera de la casa de mi abuela con velitas encendidas. Mi abuela, mi tía la “Güera” , mi bisabuelo y yo, adentro.

-En el nombre del cielo os pido posada… –Cantaron los de afuera

-Aquí no es mesón sigan adelante… -Contestamos los de adentro

Y así continuamos con nuestro duelo de frases cantadas. En el momento culminante de la melodía las puertas se abrieron. Tanto los de afuera como los de adentro todos juntos en una sola voz entonamos:

-“Entren santos peregrinos, peregrinos, Reciban este rincón, Que aunque es pobre la morada, la morada, Os la doy de corazón.”

Ya adentro todos comenzaron un ritual que seguí viendo año tras año mientras mi abuela estuvo con vida: Repartir abrazos y buenos deseos. Mi made me abrazó, y muy despacito al oído me susurró: “Que seas muy feliz mi amor”

Yo por mi falta de experiencia en eso de los buenos deseos a todos le musitaba: Tu también. Mi abuela me dijo que dios siempre me cuide y me aleje de las malas compañías. Mi padre me llamó campeón, y me decretó: “El mundo es tuyo”. Feliz y cansado de decir tu también, cuando llegó el turno de mi tío, yo ya tenía pensado extenderme un poco en mis deseos, pero no en susurros sino en voz alta para que supieran que yo ya estaba mas que integrado en esa celebración. Así que cuando el me dijo: -Cabezón, cuando crezcas serás un hombre muy inteligente. Yo le contesté a todo pulmón: Tu también… serás… serás… ¡Cabezón!

Las risas nos se dejaron esperar, dejando en mi mente una postal, una fotografía familiar de aquella navidad que el tiempo no diluye.

Después de eso procedimos al momento culminante para mi abuela, al de celebrar el rosario. Los varones hincados ante el nacimiento seguíamos los rezos, yo solo murmuraba. Lo que pronto aprendí a repetir fueron los cánticos que después de cada misterio mi abuela. El cántico que mas me gustó fue el que puso final al rezo, el que motivó a Norma, la novia de mi tío, a pasara un plato con el niño Dios al centro rodeado de caramelos.

Mientras que entonábamos: Aromas se queman de plácido olor, delante del Niño derrámense flores, adórenle reyes y pobres pastores, y cantos entonen al Dios Salvador. Ella, Norma, nos acercó el plato y uno a uno besamos la figura del niño Dios y tomamos un caramelo. Terminada la adoración mi tío y mi padre trajeron de la cocina la mesa, la acomodaron junto al nacimiento. Mi abuela trajo una charola llena de tamales, a mi me dieron un plato con dos, me dijo que eran de pura masa, sin chile. No, no eran de azúcar, eran salados, me acuerdo bien, salados y muy sabrosos.

Cuando dieron las doce de la noche comenzaron de nuevo los abrazos y el brindis. Mi abuela y yo brindamos con champurrado de chocolate, espeso y sabroso.

En el momento en que casi me vencía el sueño, oí que mi tío gritó: ¡Ya llegó Santa Claus! Mi abuela lo reprendió: “Cual Santaclaus ni que tus narices, el que llegó a esta casa es el Niño Dios”. Cuando me paré en la silla para ver el nacimiento, la base de este estaba repleta de regalos, de paquetes forrados con vistosos papeles y brillantes moños. Mi padre comenzó a repartir cada uno de ellos. Tomaba al azar uno y mencionaba el nombre de alguien de la familia.

Todos esperábamos expectativos para ver que le había traído el niño dios a cada quien. Cuando llegó mi turno mi padre me entregó un paquete mediano. Recuerdo que yo estaba muy emocionado no quería ni abrirlo quería que durara mucho ese momento. En mis manos estaba un cuadrado de deficiente envoltura, hoy que lo pienso parecía como si alguien lo hubiese abierto y después cerrado con trozos de papel mal pegados que descuadraban con lo bien forrado de los demás.

Tras la insistencia de todos que en coro me invitaba abrirlo mire por ultima vez mi paquete y comencé a desgarrar el papel, aquel sonido de destrucción de la envoltura y el ansia por ver que había dentro también lo tengo muy presente. Dejé al descubierto una caja color canelar con letras azules. La abrí despacio pidiendo al niño Dios que no fueran galletas.

Cuando abrí la primer apestaña de la tapa mi vista se topó con una manilla, poco a poco vi, conforme la luz se colaba a la caja al levantar bien la tapa, a un grupo de gladiadores de lucha libre. Saqué uno, el juguete ostentaba las manos levantadas y los dedos separados como en espera de que algún contrincante se trabase en una pelea. Miré a mi Abuela y luego al Nacimiento, hacia el pequeño pesebre donde reposaba el Niño Dios. Quedé maravillado me pareció que las luces multicolores que bañaban a la figurilla de cuerpo desnudo y piel tersa, brillaban mas. ¡Fue cierto lo que me dijo mi abuela! el niño Dios me mostró por unos instantes, lo que me traería por la noche.

Agrandes rasgos eso sería la navidad mas antigua de la cual tengo recuerdo. Así que anda Hijo, hace como media hora que entraron ¿que no piensa ir a tu posada? mira que hasta acá se escucha la música, ya están todos bien ambientados.

Alan me disparó varias mirada entre perspicaces y de incredulidad

-En verdad crees que el niño Dios te mostró lo que te traería en la noche? ¿No crees que alguien, digamos tu bisabuelo, abrió antes tu regalo y dejó los juguetes en el Nacimiento?

-Mira yo en este instante creo y he dejado de creer muchas cosas, pero ese niño de cuatro años disfrutó la Navidad y una ilusión, quien soy yo para después de treinta y cuatro años destruir eso ¿he? -le dije- Y bájate del auto campeón y ve a divertirte.

Llegué a la oficina con las pilas recargadas. Cualquier problema, después de platicar con Alan y viajar a mi pasado, me parecía pequeño, pero no estaba listo para lo que enfrentaría. Ya me esperaba el señor Rivera, el dueño de la empresa.

-Antonio, no hemos podido localizar al contador, al parecer huyó de la ciudad

-¿Como que huyo?

-Los comprobantes fiscales, los que amparan el pago del IVA. ¡Son falsos!

-¿Como?- yo no lo podía creer que el contador hubiera defraudado a la empresa

-Ya hablé con el lic. Anaya. La cantidad que se debe es muy grande no queda otra alternativa mas que decláranos en quiebra y permitir que los de hacienda enajenen la negociación.

-¿Y los trabajadores?

-Mira hoy veré como le hago, mal baratearé unas propiedades, mi camioneta inclusive, no se pero no quedaran desamparados. A partir de mañana empezaremos a liquidarlos, por favor calcula el finiquito de los empleados- me dijo el señor Rivera.

Llegué a casa desplomado, mi esposa me recibió como siempre con un beso. Yo por mas que trate de disimular no pude, no quería amargarle la Navidad pero no pude, se dio cuenta que algo no andaba bien. Le conté la situación. Me había quedado sin trabajo, sin el último sueldo y sin aguinaldo.

Para veinticuatro de diciembre ya habíamos entregado la mayoría del efectivo que pudo juntar el Señor Rivera a casi todos los trabajadores.

-Ten, no es mucho, se que es una mínima parte de lo que te corresponde pero en cuanto consiga mas te completo lo que te debo. -me dijo el patrón al darme un pequeño sobre color amarillo- Quince años son muchos. Por favor, termina yo ya no puedo mas. –concluyó y se fue.

Quedé con una encomienda muy complicada, en esta época el decirle a alguien que perdió su empleo no es fácil. Más de un insulto me sobro, un par de golpes esquive. Pero lo que me hirió fueron las gracias, que de manera sincera, algunos trabajadores me dieron. Un nudo en la garganta se me hacia cuando alguno de ellos con lágrimas en los ojos me decía: Ni hablar no es culpa de ustedes, que pasen feliz navidad, les deseo de todo corazón.

Para las dos de la tarde solo faltaba dos trabajadores: El guardia de seguridad, un tipo de dos metros fornido y mal encarado, y la señora Martha la encargada de la limpieza, una señora dulce y amable.

-Pásale Ramiro. –Le grité al guardia que estaba fuera del privado- Esto es lo que te corresponde, cuéntalos por favor.

Tras unos minutos que me parecieron eternos, contó su dinero, al pasar cada billete su rostro lucia cada vez más hosco. Se guardó el fajo en el bolsillo trasero de su pantalón, se levantó de la silla negando con la cabeza, contrayendo los labios, escondiéndolos, apretándolos entre sus dientes. Yo también me incorpore esperaba lo peor. Me miró a los ojos y extendió su musculoso brazo, abrió su palma y recibió mi saludo.

-“Inge” fue un placer conocerlo, estamos a sus ordenes para lo que se ofrezca, ya sabe que usted y el patrón siempre podrán contar con migo. –me dijo mientras me daba un fuerte y cordial apretón. Aquella actitud comprensiva de quien yo esperaba todo lo contrario, terminó por llevarse toda la dureza que yo trataba de aparentar. Al salir Ramiro entró la señora Martha. Tomé la cantidad de dinero que me quedaba, la conté un par de veces y nada, no me cuadraba, sin duda en algún momento de los pagos había cometido algún error, me faltaba dinero.

Ni hablar, sería mi último error en esta empresa. Me levanté nuevamente pero esta vez para sacar mi cartera, tomé gran parte del dinero que había en ella y se lo entregué.

Ella abrió los brazos en señal de despedida, apenas cedí su petición y se soltó llorando cuando me abrazó. El nudo en mi garganta se acrecentó.Regresé a casa sin muchos ánimos. Pasé a un centro comercial, compré un suéter rosa para mi hija y uno jeans para mi hijo; la computadora portátil y la consola de videojuegos quedaron olvidados en el departamento de apartados por falta de dinero. A mi esposa solo le completé una bolsa imitación piel.

Arribé casa ya entrada la noche, la solitaria cena navideña que teníamos planeada desde hace meses sería más desoladora. Después de abrir la reja y meter el vehículo, me encaminé a la entrada, sostuve los tres paquetes con la mano izquierda mientras que en la palma derecha dejaba que mi llavero se desparramara para ver cual de todas las llaves era la de la puerta principal. Pero algo extraño sucedió, no estaba ahí, ninguna de las llaves era. Supuse que se me había caído.

Di tres golpes firmes a la puerta con la esperanza de que me escucharan y no tener que salir de la reja para accionar el timbre. Esperé un momento y nada, cundo alzaba el puño para golpear otras tres veces. Desde adentro unas voces me cantaron: “Aquí no es mesón sigan adelante yo no debo abrir no sea algún tuna a-a-a-ante.” Yo con la mano en posición, otra vez sin comprender bien que pasaba golpeé una vez mas la puerta.

- “Ya se pueden ir y no molestar porque si me enfado os voy a apalear”. –escuché un coro ahora mas fuerte y mas melodioso.

Mi imagen reflejada en pequeño el cristal de la puerta me devolvió una leve sonrisa. Aclaré un poco mi garganta y contesté: “En el nombre del cielo os pido posada pues no puede andar mi esposa amada”.

-“Aquí no es mesón sigan adelante yo no debo abrir no sea algún tunante”. 

–volvieron a cantar. Yo continúe con la letanía. Ya el nudo de la garganta producido en la oficina estaba a punto de reventar, traté de que la voz no se me quebrara mientras cantaba las estrofas.

-Entren santos peregrinos, peregrinos, … - me entonaron al abrirme la puerta.

Adentro estaban mis hijos, mi esposa, mi madre, mi padre y mis hermanas, los esposos de ellas y mis sobrinos. También estaba mi tío Ricardo, su esposa norma y sus hijas. ¡Toda una gran familia! Al entrar me comenzaron abrazar y a darme palabras de ánimo igual como lo hacíamos cuando vivía la abuela.

Al final de esa fila de buenos deseos me esperaba mi esposa, me dio un gran beso. -Ten. –Extendió la palma y descubrió mi llave, la de la puerta principal- Esto, tu familia, es parte de tu regalo.

-¿Parte? Yo diría que es todo, ¿que más puedo desear?

En eso se apartaron todos para dejarme ver.

Junto a la mesa, donde el día anterior estaba un árbol navideño artificial de color blanco, vi un pequeño nacimiento, cuya presencia había detectado gracias a su inconfundible fragancia.

De la cocina salió Alan y Fernanda, mis hijos. Ella traía un retrato con un moño rojo, era la imagen de Lucita mi “Ague”. Alan llevaba un paquete.

Sostuve el cuadro de mi abuela unos momentos. Dios sabe el esfuerzo que hice para no llorar. Alan dio un paso al frente y de una manera muy formal como emulando a los actos marciales cuando se le entrega la bandera a un alto militar, me dio el obsequio.

 

Estaba muy mal forrado cualquiera diría que lo abrieron y lo volvieron cerrar. Desgarré la envoltura, descubrí una caja de galletas marías, abrí despacio la caja y unas figuritas de plástico saltaron a mi vista: unos luchadores en posición de ataque con los brazos en alto y los dedos separados en espera de un contendiente con quien combatir.  No pude mas, lloré.




Jose Antonio Rojas G.
Torreón Coah. Dic. 2010


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Hay 11 respuestas al foro

que bonito!!

1
autor luna66l el 21/dic, 2011 21:09 Alto Magistrado

@NACHOB00ND » ya somos dos los chillones,,Cry

Gracias por ser como eres!!



Excelente

2
  autor armario el 21/dic, 2011 22:53 Promotor social

@NACHOB00ND » Tenia mucho sin leer algo tuyo amigo, me hizo recordar situaciones personales vividas en mi niñez, ese diablo de los nacimientos si que daba miedo, cuando uno es niño todo lo creemos posible, conforme crecemos y perdemos la inocencia perdemos tambien esa capacidad de asombro y admiracion hacia lo espiritual, como recuerdo que me gustaba ver el nacimiento que cada año exibian en la iglesia del perpetuo socorro y cada año que pasaba se me hacia mas insipido, seria que yo fui creciendo y todo lo veia mas chico o que los encargados de montar el nacimiento habian perdido en algun lugar su creatividad, es como en el foro algunos pocos como tu (nacho), crean, construyen y muchos otros se esmeran por dividir, el diablo habita los foros, como lo hace en todas partes, lo que nos debe alegrar es que si el diablo existe es porque tambien existe Dios, cada uno de nosotros sabra a que amo idolatra, Nacho y Lunita seguro estan de mi lado con Dios.

Y tu amigo forista, de que lado estas?




buena historia.....

3
autor davinchi el 22/dic, 2011 00:39 Promotor social

@NACHOB00ND » buena historia,que refleja los sentimientos humanos en las condiciones necesarias para saber que todos somos de la misma especie......saludos mi buen y felices fiestas...

" Vi Veri Veniversum Vivus Vici "



simplemente exelente

4
autor billysito el 22/dic, 2011 09:13 Regidor

@NACHOB00ND »  este relato me recordo tambien mi infancia cuando unos regalos tan sencillos te parecian lo maximo cuando en tu casa no existia el pavo mucho menos pierna cuando los tamales y el champurrado eran un manjar

saludos a todos y felices fiestas 

Licenciado Cantinas:



Gracias por la historia

5
autor GVC2107 el 22/dic, 2011 09:39 Diputado plurinominal

@NACHOB00ND » Maestro, gracias por compratir esta historia que removió mis fibras más sensibles...no pudo sino robarme un par de lágrimas al final de ella, que rápidamente removí para no ser sorprendido en mi manifestación sentimental...no me gusta que me vean llorar, lo confieso y no me pasa normalmente, a menos que me acuerde de mi Sobrino-Hermano, quien falleció hace 6 años...cada que lo recuerdo me pongo a ver videos ó escuchar canciones que me hacen casi verlo, hablarle y desearle lo mejor alla donde se encuentre...claro que esto lo hago en mis momentos de privacidad y menos delante de mis hijas, quienes creen que su Padre en un roble....pero bueno, esa es otra historia...un saludo y un abrazo.

XAS



6
autor ocelotl08 el 22/dic, 2011 15:08
Visitante distinguido

@NACHOB00ND » 

Pocos poseen esa difícil facilidad para remover recuerdos y sentimientos , tú eres uno de esos escogidos.

Que pases una navidad feliz con tu familia y deseo que tengas un 2012 cargado de salud y buen camino.

Recibe un abrazo fraternal.

Mamá, soy Paquito...



7
autor palacios el 22/dic, 2011 15:50
Visitante distinguido

@NACHOB00ND »  tanto tiempo sin leer tus buenos relatos y este si que llega, que tengas buen dia y feliz navidad

palacios



8
autor paletero47 el 23/dic, 2011 19:55 Ciudadano distinguido

@billysito escribiste:

 cuando los tamales y el champurrado eran un manjar

mis palabras

para mi lo siguen siendo my friend

nada menos en este momento voy a empezar a fabricarme yo mismo unas 7 docenitas de tamales, para pasar las fiestas, mi suegra esta de visita y le voy a regalar comida tipica mexicana

feliz navidad para todos

Zisa Domnului catre ucenicii sai...Porunca noua dau voua



igual para mi

9
autor magrare el 23/dic, 2011 21:44 Ciudadano distinguido

@paletero47 @billysito » Hace 8 dias para el BDP de mi nieta (1 año) preparamos 150 tamales, la suegra de mi hijo la cuñada y la esposa (gringas) y obviamente yo, que las enseñaba porque estaban realmente interesadas en aprender a hacer los tamales porque piensan prepararlos para esta navidad, NO SOLO NO HA PASADO SINO QUE SE EXTIENDE MAS ALLA DE LAS FRONTERAS DE MEXICO

....



completamente de acuerdo

10
autor billysito el 24/dic, 2011 09:52 Regidor

@magrare @paletero47 » son y seguiran siendo un manjar 

saludos y felices fiestas

Licenciado Cantinas:



mmmm si

11
autor magrare el 24/dic, 2011 12:22 Ciudadano distinguido

@billysito @paletero47 » Y ayer generosamente me regalaron tamales Guatemaltecos muy parecidos a los tamales que hacen para el Sur en hoja de platano, y bueno muy agradecida con quien tan generosamente me los regalo, pero eso no significa que no haya paladeado la diferencia entre los Tamales que se preparan en mi querida Comarca Lagunera mmmm riquisimos.. !Felicies Fiestas!, a disfrutarlas porque es cuando nos damos el tiempo para DISFRUTARLO TODOS EN FAMILIA... BELLISIMOS REENCUENTROS FAMILIARES SIN IMPORTAR DISTANCIAS...Ninguna epoca COMO ESTA, tan colorida y llena de luces, donde se celebra EL ACONTECIMIENTO MAS IMPORTANTE DE TODOS LOS TIEMPOS

....



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