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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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moderador autor Escrito por artillerodel87
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domingo 23 de marzo de 2014 13:25

Colosio y "Los Idus de Marzo"

La historia del poder de la humanidad es tan rica y atrayente para los escribas, juglares, tlacuilos, cronistas y literatos que, no obstante el tiempo (Antes de Cristo, feudal, medieval, renacimiento, modernidad) y el lugar (dondequiera que haya una disputa territorial, por el cetro, el trono y la corona) que cualquier pasaje de relación semejante resulta ejemplar para ilustrarnos del celo, envidia, maquinaciones, traiciones y muerte para sobrevivir políticamente o para llegar al poder.

Las generaciones nuevas de nuestro México, como en casi toda su concepción de los hechos pasados, sólo tienen referencias googlerianas y de oídas sobre esos aconteceres y no se involucran en rascarle al pretérito para entender su presente y proyectar su futuro.

¿Fue Colosio un visionario que se convirtió en mártir?¿Podría Luis Donaldo -desde adentro- transformar al PRI y cambiar al mismísimo sistema político impuesto por sus coterráneos Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles? ¿Su discurso -modelado del "I have a dream" de Luther King- que pronunció el 6 de marzo de 1994, provocó su muerte? ¿Su tragedia pudo ser pronosticada con antelación por los escritores Rafael Loret de Mola ("Presidente Interino" 1993), Francisco Martín Moreno ("Hermano debo matarte" Marzo 11 de 1994) y los rumores vertidos por el pueblo después de la pronunciación de su discurso? Y la pregunta inquietande desde hacen dos décadas: ¿Quién lo mató. Fue Mario Aburto. Fue Carlos Salinas de Gortari. Fueron Manuel Camacho Solís o Ernesto Zedillo Ponce de León. Fueron los narcos o fue, el propio Partido Revolucionario Institucional?

Hay mucho, muchísimo material hemerográfico, documental y gráfico sumado a las miles de hojas del expediente de investigación de su homicidio. También, se añadieron otras publicaciones y libros publicados en secuencial calendario, hasta nuestros días. Aquí les dejo a Enrique Krauze y otros testimonios. Ustedes -como yo sin pruebas certificadoras a la mano- saquen sus conclusiones porque para vislumbrar hay que desmenuzar personajes y acontecimientos y elaborar una tabla del o los posibles autores de este nombrado magnicidio y marcar los indicios de la afectación que Luis Donaldo Colosio pudiera hacer de haber sido Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

 

 

Los idus de marzo

mié 29 ene 2014

Traicionado por su subconsciente en el momento mismo de ser ungido, Colosio había estado a punto de arruinar su campaña presidencial. Era una nueva y aún más macabra representación de Shakespeare: el heredero al trono que no quiere —o no puede, o no debe, o no sabe, o teme— ser rey.

 ...porque en la hueca corona que ciñe las sienes mortales de un rey, la Muerte tiene su corte. William Shakespeare, El Rey Ricardo II.

El poder tiene sus reglas: destruye al que lo usa sin medida, pero también al que, debiendo ejercerlo, lo rehúye. Esta condición, dramatizada por Shakespeare hace siglos, tuvo en el México de 1994 su cruel versión: Salinas y Colosio repitieron, sin saberlo, un libreto del bardo de Stratford-upon-Avon.

"Salinas puede terminar como personaje de una tragedia shakespeareana", le dije al corresponsal de Newsweek a principios de marzo de 1994. Más que formular una vaga premonición, trataba de afirmar una convicción antigua, la idea de que el poder en México había adquirido una contextura teatral no muy alejada de la Inglaterra medieval. No era difícil trazar paralelos entre el libreto que había escrito para sí mismo el presidente Salinas y algunos temas shakespeareanos. El más claro era la ilegitimidad de origen, ese espectro culpable que inquieta los sueños de Enrique IV, esa mancha de sangre vengadora en las manos de Lady Macbeth. Salinas no era propiamente, como ellos, un usurpador: no había llegado al poder destronando o asesinando al monarca legítimo, pero una sospecha indeleble sobre su triunfo en las urnas marcó el nacimiento de su sexenio. De allí provino quizá su prisa por afirmar su credibilidad, la audacia permanente de su liderazgo y la dimensión de su proyecto: él iba a destronar con hechos a los millones de ciudadanos que votaron en su contra, él iba a disipar la sombra hasta volverla una luz enceguecedora que disimulara el incendio de las boletas electorales en el Palacio Legislativo.

El éxito parcial de esa reversión lo había llevado a incurrir en otra actitud típicamente shakespeareana: el abusivo ejercicio del poder absoluto.

Aquí su antecedente era Ricardo III, el conspirador por antonomasia que "enviaba a la escuela al sanguinario Maquiavelo" y trasmutó en voluntad de poder el rencoroso fardo de su atrofia física. Salinas también le daba clases a Maquiavelo pero sus fardos eran otros: el haber llevado a extremos casi sicilianos —mediante el disimulo, el consentimiento o la abierta complicidad con las actividades ilícitas de su hermano— la práctica del patrimonialismo político. La familia revolucionaria podía seguir reinando sobre México pero la familia Salinas reinaría sobre la familia revolucionaria. Gran jinete, a la postre hubiera dado también su reino por un caballo, pero años antes, en plena gloria, buscó seriamente la reelección directa e inmediata o, en el peor de los casos, la indirecta y mediata que preparase su vuelta triunfal en el año 2000. Entonces sí la votación sería mayoritaria en favor suyo y de su partido —Solidaridad o PRI, ¿qué más da?—, entonces sí podría dar pie a una reforma política pausada, regulada desde lo alto de una presidencia imperial en cuyo trono reinaba un César no sólo todopoderoso en México y prestigiado en el mundo sino —por la interpósita persona de su hermano— inmensamente rico. Tal vez entonces, el único problema de Carlos hubiese sido Raúl, que le hubiera reclamado ya no con dinero sino con poder sus derechos de primogenitura en la conspiración por adueñarse de México.

Yo había apoyado públicamente parte del desempeño económico del gobierno. Por su convicción y su profundidad, comparé el ímpetu reformador de Salinas con el de Calles. Pero a todo lo largo de la gestión señalé los gravísimos riesgos que implicaba el relegar la reforma política. En octubre de 1993, el presidente me citó —como seguramente hizo con otros intelectuales— para sondear mi opinión sobre el proceso sucesorio. Le expuse mi crítica sobre el aspecto político de su sexenio. Contestó que para eludir el destino de la Unión Soviética, México debía consolidar la perestroika antes que la glasnost'. Enseguida me pidió que le diera una opinión franca sobre tres precandidatos: Pedro Aspe, Luis Donaldo Colosio y Manuel Camacho. Se la di, con una inclinación en favor de Camacho. Dado el éxito de la reforma económica era obvio que la tarea pendiente sería la reforma política: Camacho tenía la voluntad de hacerla. Concedí que era ambicioso, pero ¿qué político de raza no lo era? Aspe, por su parte, era ante todo un economista, y podría seguir —como sucedió, en su momento, con Ortiz Mena— en el equipo de Colosio o de Camacho. En cuanto a Luis Donaldo, mis dudas eran de varia índole: políticas y psicológicas.

No comenté con Salinas la mayor de ellas: a diferencia de Camacho, que era su hermano político, Colosio era a todas luces el hijo político de Salinas, su protegido. Nombrarlo a él era optar por un "maximato", con Colosio en el papel de Portes Gil, Ortiz Rubio o Abelardo Rodríguez. Esta reelección por interpósita persona rodeada de un grupo compacto de tecnócratas (uno de los cuales declararía abiertamente su intención de permanecer 24 años en el poder), mataba de entrada la posibilidad de cualquier reforma política. No era la reversión y menos la superación de la ilegitimidad de origen: era su consolidación. Toda la historia mexicana del siglo XX estaba construida de frente y en contra de la reelección personal —no de partido—. Atentar contra ese principio era pactar con el diablo, que en México no significa otra cosa que desatar la violencia. Sin embargo, alcancé a formularle una paradoja suficientemente clara: "Para permanecer hay que irse; el riesgo de irse está en permanecer".

Salinas negaba toda intención de permanecer. Tocaba madera —literalmente, en su oficina— al escuchar la palabra hybris y decía ansiar el término pacífico de su sexenio, con un futuro idílico de joven elder statesman, entre memorias, amigos y libros. Por eso mi razonamiento crítico se centró en la personalidad de Colosio: "es un hombre limpio, inteligente, bueno (demasiado bueno, tal vez), tiene pinta de charro mexicano, recuerda un poco a Adolfo López Mateos, habla muy bien en público, pero tiene una fractura de carácter que no alcanzo a descifrar. Tal vez se deba a la enfermedad de su mujer, Diana Laura. No lo sé, pero la fractura existe y un hombre fracturado no puede gobernar".

Salinas me escuchó con esa concentración hipnótica que tenía. "Es difícil no querer a Manuel", me dijo. Pedro era reservado pero sumamente inteligente, y en esa reserva mostraba su talento político. En cuanto a Colosio, evadió el tema de la fractura pero no el de Diana Laura. Me dijo que era ella quien impulsaba a su marido. Le apenaba su enfermedad, pero de sobrevenir un desenlace el pueblo se volcaría a la calle en manifestaciones de piadosa simpatía hacia Luis Donaldo. De hecho —agregó— la eventual muerte de Diana Laura, por más triste que fuera, le serviría al candidato. Enseguida me hizo ver la experiencia que Colosio había acumulado en Sedesol. "Es cierto —contesté—, además tiene gran sentido humano." "Que no es una cualidad menor", acotó de inmediato. Me pidió que hablara con los precandidatos y volviera a verlo en unas semanas con una opinión más perfilada. Llegué con unos apuntes biográficos en los que fundamenté adicionalmente mis razonamientos —haciendo hincapié en la teoría de la fractura— pero me atajó implicando que no tenía caso: "todos son tus amigos". Sospeché que la decisión estaba tomada.  

Días más tarde viaje a España para acompañar a Octavio Paz a la entrega del Premio Príncipe de Asturias a Vuelta. Una noche llegamos al hotel de Oviedo mi padre, mi hijo León y yo. Prendimos la televisión y de pronto apareció Colosio. Era el destape. Escuché sus primeras palabras. No sé si fue en ese momento o al día siguiente, cuando advertí un lapsus: dijo algo así como "viva el Partido de la Revolu... Revolucionario Institucional". Lamenté en ese momento la decisión que me parecía no sólo irrevocable sino irresponsable. Pero allí estaba la primera prueba de mi hipótesis biográfica: traicionado por su subconsciente en el momento mismo de ser ungido, Colosio había estado a punto de arruinar su campaña presidencial. Era una nueva y aún más macabra representación de Shakespeare: el heredero al trono que no quiere —o no puede, o no debe, o no sabe, o teme— ser rey.

Hablé por primera vez con Luis Donaldo Colosio alrededor de 1991. Antes de aparecer en el comedor de la modesta casa de la colonia Las Águilas donde vivía, sus ayudantes pusieron música que seguramente a él —entonces presidente del PRI— le parecía adecuada para mostrar su "nacionalismo": el Huapango de Moncayo. Ya en la mesa dijo lamentar la reciente derrota del PRI en Baja California, pero admitió que era previsible y acaso necesaria. Habló un poco de su origen norteño —franco, liberal, individualista—, criticó los usos patrimonialistas y corporativistas del viejo PRI y explicó con detalle el trabajo de descentralización que estaba llevando a cabo, un ensayo de federalismo encaminado a construir un padrón interno y a democratizar hacia dentro el partido. Hablaba como un político de oposición al PRI, en la cima del PRI.

Cuando sobrevino la crisis postelectoral en Guanajuato, vi a Colosio en su oficina, una casa todavía más discreta y modesta, en la calle de Aniceto Ortega. "El candidato del PRI va a renunciar", me dijo, con una satisfacción apenas disimulada. Su actitud en relación al movimiento del doctor Salvador Nava en San Luis Potosí fue similar: había que abrir ese espacio a la oposición, más aún cuando en las elecciones legislativas federales de 1991 el PRI había recuperado con creces el terreno perdido en 1988. No obstante, en julio de 1992, cuando fue el PRD quien impugnó las elecciones de Michoacán, Colosio —titular, ya para entonces, de Sedesol— no transigió. Al parecer, el candidato del PRI era hombre de su confianza. Lo paradójico es que la apertura era parcial y no incluía al enemigo histórico de Salinas: el partido de Cárdenas.

Alrededor de esos meses cundió el rumor de la reelección salinista. Se decía que al designar a su primer mentor, Gonzalo Martínez Corbalá, como gobernador en San Luis Potosí, Salinas medía las aguas para una posible ampliación de su mandato por dos años e incluso para la reelección. Fidel Velázquez lo proclamaba abiertamente y los jerarcas de la iniciativa privada lo sugerían soto voce. No faltaron voces preocupadas, entre ellas la de Fernando Gutiérrez Barrios, que sutilmente negó que la reelección fuese siquiera pensable.

Salinas debió modificar entonces su postura y orientarse hacia el dilema que por esas fechas escuché de labios de José Córdoba: "Ser Calles o Cárdenas, he ahí la cuestión". Emular a Cárdenas significaba renunciar al poder, irse, para permanecer sólo como una influencia moral. Seguir a Calles suponía permanecer en el poder, con el riesgo de perder toda influencia e irse al exilio. Optó por Calles.

En mayo de 1993, Colosio convocó a un Congreso Internacional sobre los temas de libertad, democracia y justicia. Me pidió que le sugiriera algunos nombres y le ayudara a diseñar el formato. El Congreso transcurrió sin pena ni gloria, pero en el curso de esos días advertí la marcada inseguridad de Colosio, no digamos en torno a los grandes temas del debate intelectual —cosa natural, porque no era un hombre de ideas— sino a detalles verdaderamente nimios: cómo referirse a los invitados, cómo escribir una carta, la designación de un ayudante o un chofer, qué decir en la inauguración y en la clausura. Tomaba nota de todo. No mandaba: obedecía. En la ceremonia final en Los Pinos, Colosio leyó con voz anacrónicamente impostada un discurso en el que yo había hecho unas observaciones intrascendentes. A la salida me dio, conmovido, una tarjeta que aún conservo con un agradecimiento más que excesivo, pero que revelaba la angustia con la que Colosio había vivido todo el ciclo: "nunca olvidaré tu ayuda". Mi aprecio personal por Luis Donaldo crecía. También mi preocupación. La ternura no se aviene con el poder. La noche del destape en Oviedo entendí que mis modestos afanes de disuasión habían sido inútiles. En la cumbre histórica del Tratado de Libre Comercio, desde las entrañas del poder se fraguaba la mayor reversión política desde los años treinta: el maximato salinista, el Salinato. Colosio, acaso sin advertirlo plenamente, era su instrumento.

O tal vez sí lo advertía. Un amigo le escuchó comparar a los Salinas con los Corleone. No podían ocultársele las consecuencias de su deuda con el clan. Tal vez entendía la incompatibilidad entre sus genuinas convicciones democráticas y el papel en el que Salinas, tácitamente, lo colocaba. Al regreso de España lo visité en su nueva casa en Tlacopac. A mano derecha estaba su estudio: tres paredes con libros más regalados que leídos, una computadora sencilla, cubierta y sin usar, una estatuilla de Zapata. Los sillones de piel eran negros, como de consultorio médico. Colosio escuchaba una cantata de Bach. Me recibió con cordialidad, cargó un instante a su hijita, regañó cariñosamente al pequeño Luis Donaldo por echar chinampinas en la sala, y conversamos un rato sobre la necesidad de inaugurar los debates públicos por televisión. "No quiero un solo voto por la vía del fraude", me dijo de pronto. Sonreía, es verdad, pero el arco sombrío de sus ojos desmentía cualquier indicio de alegría profunda. Era obvio que estaba sufriendo y que guardaba para sí el motivo del dolor. No podía no torturarlo la inmensa responsabilidad histórica que había asumido en una condición de fragilidad personal, con sus niños pequeños y una esposa gravemente enferma. Ella, en efecto, lo animaba. Desde joven había mostrado una vocación política de servicio que, a los ojos de su amigo Ramón Alberto Garza, guardaba ciertos paralelos con Evita Perón. Tal vez el poder obraría en ella cualidades taumatúrgicas: la curaría, la salvaría. Luego de esa ocasión, no tuve noticias de Colosio. Hacia fin de año me llamó para "tocar base" y hacerme ver, casi en tono de ruego, que las encuestas desfavorables "estaban mal". Tiempo después supe que había pasado esas semanas decembrinas en medio de una depresión.

Colosio sabía mejor que nadie que Chiapas era un polvorín. Así lo comentó a algunos amigos y a mí en una cena del mes de septiembre. El olvido de ese estado por parte de la federación era una vergüenza nacional lo mismo que las corruptelas e injusticias que en él se cometían. Temió pero no previó el estallido de la guerrilla. Es seguro que lo viviera como una imperdonable falla personal y política, la prueba final de su incapacidad o su mala estrella. Lo vi el martes 4 de enero en su casa. Estaba totalmente abatido. "Mis asesores dudan de que mi presencia en Chiapas sirva de algo: si voy es oportunismo, si no voy es indiferencia." Era Hamlet en cada frase: ¿Convocar o no convocar a los partidos? ¿Acercarse o no a Cárdenas? ¿Hacer un pronunciamiento claro u omitir a Chiapas en la campaña? Al parecer, el propio presidente le impidió concentrar su campaña en Chiapas. De ser así, ¿por qué lo permitió? Pocos días después, Salinas encomendó a Manuel Camacho la negociación de la paz. Para Colosio fue un golpe directo. Ya era suficiente afrenta el que su rival político se hubiese rebelado contra la decisión de su nombramiento, pero ahora ese mismo competidor irreductible se haría cargo de un problema que, al menos parcialmente, había sido de su incumbencia directa. Aunque no lo expresaba de manera abierta, creo que interpretó el nombramiento como lo que era en los hechos, un postdestape alternativo, una insólita bicandidatura, la ambivalencia que condenaba a la opinión pública "a hacerse bolas", una fractura más en su alma atribulada. En las antípodas de Salinas y sus homólogos shakespeareanos, Colosio se asemejaba al desdichado Enrique VI, que en la víspera de la guerra civil evoca la bucólica vida de los pastores y la compara con la suya, "envuelta en la inquietud, la desconfianza y la traición".

Su campaña "no levantaba", y él lo sabía, lo sentía. Lo lastimaban los abucheos en los mítines. Alguien lo confundió públicamente con Camacho, cuya estrella ascendía con el éxito aparente de las pláticas de paz. Algo ominoso flotaba en el ambiente. Se decía que Colosio no llegaría a las elecciones porque "lo enfermarían". O tal vez él se retiraría. Volví a verlo el domingo 27 de febrero. Ahora su esperanza estaba cifrada en el discurso del 6 de marzo. Me pidió que como amigo le diese mi opinión sobre el documento. Creí ver huellas de llanto o de insomnio en sus ojos enrojecidos. A la salida le dije, de pronto, sin que él me diese pie, lo que debí haberle dicho meses antes: "Luis Donaldo, tú eres un hombre bueno, tienes a tu mujer y a tus hijos chicos. La presidencia es muy importante, pero no a cualquier costo". Me abrazó muy fuerte.

Llegaron los idus de marzo. El día 4 por la noche recibí en un sobre sellado el discurso. Lo corregí levemente con plumón rojo, le agregué dos o tres pequeñas frases, taché las tres menciones que hacía de Salinas. Sonó el teléfono. Era Colosio en persona. "No me lo mandes, yo te caigo a las doce en tu casa". Al día siguiente lo recibí. Yo estaba solo. Le leí mis propuestas. "Ya quité las menciones", me dijo. Esta vez parecía confiado. Nos despedimos en la puerta, y para mi estupor noté que su chofer tenía estacionada su camioneta roja a unos 100 metros. Cubrió la distancia solo, sin guardias personales.

El discurso del 6 de marzo causó revuelo, pero no logró animar la campaña. Muchos pensarían después que fue el epitafio de Colosio. El 7 aparecieron las declaraciones en Newsweek. El 15 de marzo por la noche nos invitó a cenar junto con dos matrimonios: Octavio y Marie Jo Paz, Alejandro y Olbeth Rossi. Venía con el rostro descompuesto por una nueva puñalada: en su mismísima alma mater, el Tecnológico de Monterrey, lo habían increpado. Charlábamos deshilvanadamente. Colosio, como siempre, guardaba largos silencios, tomaba nota y asentía con un innecesario "sí señor". Un arpista tocaba junto a la escalera una música celestial. De pronto, Diana Laura trajo un pastel de cumpleaños para Octavio. "Pero si faltan todavía dos semanas", dijo Paz con natural sorpresa. "Sí —contestó Diana Laura— pero quién sabe cuando lo volveremos a ver." A Isabel y a mí la frase nos sonó extraña, fuera de lugar. A la salida coincidimos en observar la atmósfera sombría de la reunión.

A la mañana siguiente desayuné con Julio Scherer. Le narré la cena de la noche anterior y él me confió su último encuentro con Colosio. No era yo el único en advertir su quebranto. Scherer también lo había notado: "recomiéndame un libro, Julio", le había dicho, no por curiosidad sino por una conciencia exacerbada y patética de su desorientación. Yo tenía un viaje inminente a España, pero Scherer y yo convenimos en un plan para el regreso: nos reuniríamos con Colosio y procuraríamos convencerlo de retirar su candidatura. Le ayudaríamos a liberarse de un destino injusto que no tenía por qué asumir. Y fue en España, nuevamente, cuando una llamada nocturna de Ramón Alberto Garza me dio la espantosa noticia: "balacearon a Colosio, extraoficialmente te puedo decir que está muerto".

¿Entrevió Luis Donaldo su muerte? Seguramente no. Apunta Plutarco que el hado de César "no fue tan inesperado como poco precavido". Pero Colosio no era César, no pensaba como César. Tal vez su falta de precaución entrañase una secreta convocación del peligro, un oscuro deseo de apurar al destino y resolver la tensión. Lo cierto es que en él —y en Salinas, que lo ungió— se cumplía una regla de hierro en México: el poder no sólo destruye a quien abusa de él, también a quien lo rehúsa.

En la novela de Thornton Wilder, César lamenta la alta probabilidad de perecer "bajo la daga de un loco". No ignoraba los augurios, las señales, las ansiosas conspiraciones, pero era otra la suerte que deseaba:

"¿No sería un descubrimiento maravilloso encontrar que alguien me odia a muerte pero con odio desinteresado?[...] Hasta ahora no he descubierto entre quienes me aborrecen sino los impulsos de la envidia, de la ambición personal y de un consolador espíritu de destrucción.

Quizá en el último instante me sea dado contemplar el rostro de un hombre cuya única obsesión sea Roma y cuyo único pensamiento la certidumbre de que yo soy el enemigo de Roma."

¿Quién mató a Luis Donaldo Colosio: el odio de la ambición o del desinterés? ¿Fue víctima de una conspiración tramada por el presidente Salinas? Es muy difícil creerlo: la bala que mató a Colosio hirió mortalmente a Salinas. ¿Fue víctima de una conspiración tramada en las entrañas de la familia revolucionaria para destronar a la familia Salinas? Es posible: había sido desplazada y temía seguirlo siendo por varios sexenios. Y bajo esa hipótesis, ¿a cuál de las dos familias pertenecía, en ese momento, Raúl Salinas?

O fue la azarosa daga de un loco, un oscuro resentimiento, el sueño delirante de un "caballero águila" en busca de fama y gloria. De ser así, la muerte de Colosio es doblemente dolorosa porque a despecho de su continua profesión de fe ("quiero ser presidente de los mexicanos") era el más improbable de los césares. De allí que su asesinato —como el de Madero o Zapata— corresponda más al perfil dramático de un sacrificio que al de un magnicidio, como el de Obregón.

Las balas de Lomas Taurinas recordaron al mexicano la más vieja lección de su historia, algo que había olvidado desde los años veinte: "las fuerzas diabólicas que acechan a todo poder" (Max Weber) y que obligan a ejercerlo, vigilarlo y limitarlo con un permanente sentido de responsabilidad. Diana Laura, en su dolorosa confusión, seguía creyendo que el poder redime: "si no tuve un esposo presidente, tendré un hijo presidente". Esas fueron las últimas palabras que le escuché, meses después del asesinato de su marido. En referencia a todo el drama, Octavio Paz me confirmó en el teléfono: "es Shakespeare puro".

La corte de la Muerte había cerrado el círculo de fuego. Era ella, la macabra, quien ahora reinaba indisputada, "burlando el poder del rey, riendo de su pompa, concediéndole un soplo, una breve escena para jugar al monarca, ser temido, matar con la mirada, incitando su egoísmo y sus conceptos vanos, como si esta carne que amuralla nuestra vida fuera bronce inexpugnable". -

Letras Libres núm. 3, Marzo 1999 (Publicado con autorización del autor)


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El INDISCUTIBLE historiador, politólogo y autor de importantes libros que desnudan a la historia de México, Francisco Martín Moreno, publicó el 11 de marzo de 1994, 12 días antes del asesinato de Luís Donaldo Colosio, un artículo que entre otras cosas decía: “SÉ QUE el agradecido nunca debe olvidar el bien recibido… Sé también que un hombre bien nacido por definición debe ser bien agradecido… “LO SÉ, claro que lo sé, ¿Cómo podría olvidar que a ti, hermano querido, te debo mi vida, mi existencia política? ¿Cómo olvidar que tú me hiciste diputado federal, después senador de la República, Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, secretario de Desarrollo Social y en últimas fechas candidato de nuestro propio partido, el invencible tricolor a la mismísima presidencia de la República?.. “TODO LO anterior se dio en un breve plazo de tan solo seis años sin considerar mi estancia en la H. Cámara de Diputados como legislador federal. ¿Cómo olvidar todo ello? ¿Cómo, querido hermano, si a ti debo todo lo que soy y lo que seré en este breve tránsito entre dos eternidades que en síntesis es la vida? No tengo con que pagarte ni tendré jamás con que ni cómo hacerlo y, sin embargo, debo matarte políticamente aun en contra de todos los sentimientos que me mueven al efecto, al agradecimiento y al más fundado y evidente respeto que siento por ti, pero aceptémoslo: el bien de la República es primero”…Y AGREGABA: “Tú mejor que nadie palpaste la aceptación casi unánime que produjo en el seno de nuestro partido como consecuencia de mi designación como candidato a la Presidencia. ¡Nadie mejor que yo: casi todos, menos uno en el partido, coinciden con lo anterior…! Y eso por ceguera y ambición porque ‘el rebelde e indisciplinado’ jamás hubiera tenido en el seno del PRI la feliz y afortunada recepción de que yo fui objeto ahí sí por merito propio… “TU HAS constatado como nadie el desarrollo de los recientes acontecimientos políticos. Has visto como me fue violentamente arrebatada la bandera a raíz de la traumática experiencia chiapaneca. Has visto el gradual deterioro de mi imagen política gracias a nuestro acuerdo relativo a la cesión ‘transitoria’ de todas las herramientas políticas al hoy famoso ‘rebelde’…”SI YO no me defiendo con mis propias armas, las mías, sí, las únicas a las que podré recurrir en mi futuro; si yo sigo divorciado de mí mismo, de mi ideología; si yo sigo subordinado sin proponer cambios a mi vez respecto a lo que, desde mi punto de vista, tampoco ‘funciona’, si yo no impongo mi criterio y señalo y prometo y me comprometo y me desmarco y nazco y sentencio y acuso y descubro, si yo sólo sigo leyendo los discursos redactados en Los Pinos; si yo continúo sometiéndome a unas directrices que de sobra sé que no son las que necesita el país dentro del presente contexto político, económico y social; si sigo maniatado, reducido, secuestrado en mis propias ideas, amordazado, petrificado e inmóvil en función de diversos intereses de la nación que yo supuestamente he estado obligado a defender desde la aceptación de mi candidatura; si sigo traicionando mis convicciones y principios en aras de una lealtad mal entendida desde el momento en que va por encima de los intereses del país, si mis oponentes empiezan a superarme en popularidad y aceptación mientras mi silencio es entendido como una cobardía y mi disciplina institucional se explica como parte de un complejo sistema de intereses creados, entonces mi partido y tú, hermano, y más tarde la nación en su conjunto tendrán que pagar el precio de mi indefinición, de mi obsecuencia y de mi equivocado concepto de la nobleza… “POR ESO: debo matarte políticamente hermano. Es irrelevante en esta dolorosa coyuntura política el importe de la deuda moral que tengo contraída contigo. Para que yo triunfe y el país se salve tengo que matarte hoy mismo. Y tengo que matarte de frente, jamás por la espalda, de acuerdo a la más pura tradición de los patricios romanos. Heme aquí frente a ti con la espada desenvainada. Pregúntame: ¿Tú también Brutus?... “MI MARCHA es incontenible. Ya nadie podrá detenerme. Lo he entendido todo. Se trata de tu desaparición política o la desaparición de las estructuras de nuestro país: el tuyo, el mío, el de nuestros hijos. Sujeto entonces firmemente el mango de la hoja desenvainada, la hoja reluciente que pronto penetrará tus carnes igualmente nobles. Estoy decidido. Debo denunciar y denunciarte. Debo sancionar y sentenciar. Debo ajusticiar y someter. Debo cambiar, reformar y modificar todo lo que no funciona y ya no funcionará en el futuro, comenzando por ti mismo, muy a pesar de los enormes beneficios que tu gestión exclusivamente económica –que ya es mucho- le ha reportado al país”… Y CONCLUÍA: “Raro, muy raro hermano, pero mientras me acercaba a ti con la espada desenvainada y empezaba a hundirla en tus carnes volteando al cielo con los ojos húmedos en busca de perdón y compresión ya que sólo me movía un inmenso amor a México, entendí igualmente que una voz lejana y meliflua me decía al oído: húndela pronto, hunde la espada por lo que más quieras, de otra suerte bien pronto te la hundirán a ti por la parte baja del vientre hasta salir la hoja perfumada de democracia por el lado izquierdo del cuello, exactamente a un costado de la yugular…¿Recuerdas, hermano la muerte de Nerón…?”


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Rafael Loret de Mola: Pasaron dieciocho años del crimen contra Colosio y doce después de la primera alternancia pero, según parece, no han sido suficientes, ni mucho menos, para acelerar los procesos e indagatorias pendientes acerca de un hecho brutal que modificó el perfil histórico del país. Recuérdese que Colosio, sin tantos aspavientos, pretendía limitar el poder presidencial y construir una "reforma integral al Estado" para hacer efectiva la democracia, un ideal que luego suscribieron los panistas, seis años después beneficiarios del magnicidio gracias a las concatenadas traiciones de Ernesto Zedillo, uno de los consejeros d Felipe Calderón.

Debo recordar a mis amables lectores que este columnista fue citado por la Comisión de Seguimiento para los Crímenes de Colosio y Ruiz Massieu -acorté un poco el nominativo-, en noviembre de 1998, para que diera cuenta de cuanto había escrito en relación con el suceso y, sobre todo, respondiera a un hecho: uno de mis libros, "Presidente Interino", fue hallado en el baúl de Mario Aburto descubierto por el comandante Federico Benítez, quien fue después asesinado a mansalva. En ese entorno, no sin riesgo, me atreví a deslizar:

--Los asesinatos que investigan, señores diputados, no podrán avanzar mientras se encuentre en la Presidencia el principal beneficiario. (Es decir, Zedillo Ponce de León).

 Nadie, desde ese momento, volvió a llamarme, pese a las múltiples evidencias que señalaban al doctor Joseph-Marie Córdova Montoya, como el punto álgido de la autoría intelectual de los crímenes investigados desde distintas comisiones que NADA aportaron, ni siquiera un dictamen, más o menos, razonable, para sostener, por consigna obviamente, el insostenible argumento sobre que Mario Aburto Martínez actuó solo en un momento de locura. El propio Aburto, en marzo de 2002, me dijo, en el Penal de Almoloya al que acudí con el permiso del entonces secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Gertz Manero, que él era inocente:

--Crea usted lo que quiera. Yo seguiré leyendo a Confucio. Pero yo no fui.

--Pero hay vídeos, testimonios, conclusiones, Mario.

--Le repito, da para que cualquiera crea lo que dé la gana. Yo tengo mi propia historia.

--¿Y cuál es?

--Quiero reservarla para mí...

Cuando salí de aquel sórdido Penal, con diecisiete rejas de por medio antes de llegar a la zona de los presos de alta peligrosidad, casi estaba convencido de que el Aburto a quien había entrevistado era el mismo que había sido aprehendido y golpeado en Lomas Taurinas por una multitud dispuesta a lincharlo. Hoy han vuelto a surgir en mí algunas dudas, sobre todo revisando los expedientes y las filmaciones del evento así como la bien editada película "Colosio" de Carlos Boluda. Aún sin rasurarlo -lo que hicieron de inmediato-, hay características en el tirador que no corresponden al encarcelado a penas de que haya sido sometido a cirugía para amortizar los efectos de los golpes y las posibles torturas recibidas "dentro" de los separos policíacos en Tijuana y el Distrito Federal.

 Pese a lo anterior, hay no pocos testimonios pendientes. Por ejemplo, el de Manlio Fabio Beltrones, entonces gobernador de Sonora y uno de los priístas de mayor influencia en la actualidad con gran capacidad de maniobra; él fue quien llegó primero a Tijuana -entre los funcionarios que conocieron el caso-, desde Hermosillo en donde dejó al padre de Luis Donaldo, en el despacho gubernamental, llorando a lágrima viva. Lo hizo después de consultar al presidente, Carlos Salinas, y a pesar de las reticencias de éste como el propio Manlio me refirió en alguna ocasión, cuando su nombre empezó a sonar en los corrillos de la DEA e iniciaba su personal defensa contra sus acusadores. Pues bien. Hasta hoy, no sabemos el contenido de la charlaq en el avión en donde Beltrones transportó a Aburto hacia la ciudad de México, desconociéndose la identidad del "séptimo pasajero" del jet privado. Este elemento es fundamental para dar cuenta de las averiguaciones y volverlas a revisar, reabriendo el caso, si de verdad existe voluntad política para ello.

Desde luego, la película en cuestión, no hace sino recoger diversas versiones conocidas con el consiguiente señalamiento a Córdova Montoya, el "Maquiavelo" de la era salinista. Recuérdese que, en 1997, cuando el perredismo le denunció públicamente, el "doctor" Córdova les reviró y asustó con interponer sus propias denuncias que podrían afectar al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas -sin relación alguna con el crimen de referencia, sino por otras causas-, para inhabilitarlo en su camino hacia la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Perdía mucho el perredismo con ello y dejaron a Córdova con una sonrisa de enorme satisfacción por la trampa que había construido ex professo. Así de siniestro es el personaje, ahora reservado para tareas de espionaje y consejería, desde su residencia en la colonia Roma.

Bien, cesó con saldos muy negativos el régimen de Zedillo y se produjo la primera alternancia que muchos creyeron que significaría un cambio profundo. No fue así. Los Fox y su gabinete ni siquiera tuvieron arrestos para investigar las muertes de sus propios mártires -Manuel Clouthier del Rincón entre ellos y ahora se sorprenden porque el hijo de éste no figura en las nóminas del PAN-, mucho menos intentar, sólo eso, armar el rompecabezas de Lomas Taurinas.

Simplemente, dejaron en manos de una fiscalía inútil la revisión de los "crímenes del pasado" sin mayor énfasis en el magnicidio de Colosio cuyas consecuencias siguen estando presentes en la vida nacional. Tampoco debemos olvidar los chantajes de los hermanos Salinas de Gortari, la decepción de Carlos, el presidente, ni las amenazas vertidas contra Córdova por el propio Colosio, semanas antes de su "destape". Se lo dijo, con claridad a Manlio Fabio Beltrones:

 --Cuando yo llegue a la Presidencia, éste (Córdova), no sólo non tendrá un lugar en mi gabinete sino tampoco sitio en el país.

"Alguien" debió comunicarle al poderoso coordinador de la Presidencia la tremenda sentencia que avivó el fuego contra el candidato cuando desairó a Raúl Salinas de Gortari en una reunión en la que explotaron los ánimos según mke contó uno de los contertulios, Ricardo Canavatti Tafich, ex alcalde de Monterrey, y una de las figuras a las que Beltrones acusó, delante de mí, de ser grandes protagonistas de la turbia trama que culminó en Tijuana. Desde entonces, mis dudas persisten sobre el origen de la conjura y las evidencias de que, desde luego, Aburto no actuó solo como determinó el primer fiscal Miguel Montes García bajo chantaje. La película acierta en este punto, pero no precisa las palabras finales de aquel funcionario:

--La conclusión es que Aburto pudo actuar en solitario... o acompañado.

Bastaría con ello para entender las claves de Montes, muy cuidadoso de los términos jurídicos, y exponer a una opinión pública que no le entendió -me incluyo-, su tesis sobre el complot y la autoría intelectual de Córdova Montoya.

Lo grave del asunto es que, a más de dieciocho años del crimen y doce desde la alternancia, el expediente sobre el asesinato de Colosio -llamado a ser presidente de México-, apenas se ha movido

Debate

Durante la campaña de Colosio, interrumpida criminalmente el 23 de marzo de 1994, fue evidente la vulnerabilidad del candidato ante las presiones de la Presidencia, obviamente deseosa de seguir influyendo en la vida nacional. Esto es como si se tratara de uno de los amados corporativos del salinismo químicamente puros. El mandatario, entonces, tenía en las manos muchas facturas por cobrar y también por pagar en un escenario turbio, beligerante, opresivo. A eso debió enfrentarse Colosio desde las páginas interiores de los cotidianos de entonces que trataron con ello de minar la confianza del postulante y obligarle a destinar fondos extras, ilegales, a las empresas de marras.

Poco, muy poco pesó en el ánimo de los electores aquella historia que transformó a los mexicanos. Acaso, en el primer minuto, no nos dimos cuenta de cuanto había dañado a la estructura nacional el asesinato de quien era visto como "el futuro presidente" de acuerdo a la vieja costumbre autócrata. Y Zedillo, a no dudarlo, fue el principal beneficiario sin que jamás se diera a conocer su declaración ministerial -única que se ha realizado a un presidente en ejercicio a diferencia de la impunidad que cobija a Calderón sobre la responsabilidad de las más de 70 mil víctimas inocentes, muchas de ellas con la intervención de las fuerzas armadas-, sobre el magnicidio, realizada en el más absoluto secreto y cuya diligencia sin conocerse el contenido- fue reconocida cuatro meses después de haberse perpetuado en abril de 1999. Podría entenderse que se protegiera al "primer mandatario"; pero, ¿y después?

La recreación de aquellos escenarios turbios, en la cinta Colosio, fue además de un golpe de atención una buena manera de quebrar el ritmo de la campaña priísta en la que todavía figuran algunos protagonistas del drama de 1994: Beltrones, Emilio Gamboa, Manuel Camacho, los hermanos Salias y, desde luego, el ufano Joseph-Marie Córdova Montoya quien compartía novias y secretos con sus favoritos, como Gamboa. Aquí están todas las piezas del rompecabezas por encima de los quince homicidios relacionados con el magnicidio aunque no aceptados como tales por las instancias legales. Una basura.

 


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Hay 10 respuestas al foro

no encuentro...

1
autor davinchi el 23/mar, 2014 14:23 Promotor social
@artillerodel87 » no encuentro imagenes y la pelicula de julio cesar chavez underground donde se asegura que chavez lo hicieron famoso los narcos y aparecen en una pelea de box en las vegas donde es escoltado(acompan-ado) al ring de box por salinas y el sen-or de los cielos...ohallah y los que saben algo algun dia lo divulguen y que no sea demasiado tarde....saludos...
" Vi Veri Veniversum Vivus Vici "



2
autor jossnake77 el 23/mar, 2014 14:36 Ciudadano distinguido

@davinchi 

A KBRON,el pelon SALINAS y el señor DE LOS CIELOS escoltandolo?

esa no me la sabia deje busco amigo

No por nada su HIJO EL JUNIOR salio igual

EL TAXISTA MAS VELOZ DE GOMEZ



3
autor piporro el 23/mar, 2014 16:03 Gobernador

@artillerodel87 » 

Priístas se enfrentan a golpes en ceremonia a Colosio

CUAUTITLAN IZCALLI, Méx.-Una trifulca entre priiístas dejó la conmemoración luctuosa número 20 del homicidio de Luis Donaldo Colosio, donde los dirigentes locales de la Fundación colosista y del tricolor, Ernaldo Beltrán Molina y Víctor Moreno se liaron a golpes, en una pelea por encabezar el homenaje, relataron testigos.

Por ello ambos dirigentes se encuentran en el Centro de Justicia de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, donde Víctor Moreno, dirigente local del PRI, acusa a Ernaldo Beltrán de lesiones que tardan en sanar más de 15 días

!!!de que la perra es brava hasta los de casa muerde!!

saludos

!!!



4
autor piporro el 23/mar, 2014 16:33 Gobernador

@artillerodel87 » 

al cabo priistas, la misma mierda, la misma escoria, ese el pri por el que muchlos votaron y para acabarla el edo. de méxico la peor pus politica del pri, de aqui ha salido la peor corupcion priista:eruviel, Peña Nieto el grupo atlacomulco los hank, toda esa pléyade de defecaciön gubernamental por la que muchos ingenuos votaron....

La Muerte De Colosio; Preguntenle a Salinas y a Zedillo

 

!!!



porque crees...

5
autor davinchi el 23/mar, 2014 17:33 Promotor social

@jossnake77 » porque crees que despues de muerto el sen-or de los cielos nacio TAESA ,Transportes Aereos Salinas.....saludos...

" Vi Veri Veniversum Vivus Vici "



algunas que tengo...

6
autor davinchi el 23/mar, 2014 17:37 Promotor social

@artillerodel87 » algunas images saludos...

" Vi Veri Veniversum Vivus Vici "



ORALE..

7
autor soto01 el 23/mar, 2014 18:12 Diputado plurinominal

@davinchi » "....porque crees que despues de muerto el sen-or de los cielos nacio TAESA ,Transportes Aereos Salinas...."

Que buen chiste,

Ya en serio, TAESA, (Transportes Aéreos Ejecutivos, S.A.) nació en 1988 ( salinas entró ese año a la presidencia), y fue declarada en quiebra en 2000, el señor de los cielos "murió" en 1997. El accidente del vuelo 725, Tijuana-México fue en 1999....

De nada...

Mi pueblo es tan chico que cabe en el corazón...



RECAPITULANDO..

8
autor soto01 el 23/mar, 2014 21:59 Diputado plurinominal

@artillerodel87 » Esos escritos tienen sus "asegunes"..

1.-Colosio no era la Madre Teresa, como lo quieren hacer parecer....

2.-El beneficiario directo fue Zedillo..

3.-Salinas no podía matarlo, ya que Colosio era su achichincle y la forma de extender su mandato...

4.-Mario Aburto quizás no tiró del gatillo, pero inocente no es....

5.-Zedillo tuvo 6 años para que la investigación se fuera diluyendo, y convirtiéndose en puros enredos...

Saludos

Mi pueblo es tan chico que cabe en el corazón...



...Y asegunes, son muchos más

9
  autor artillerodel87 el 24/mar, 2014 00:57 Regidor

@artillerodel87 » Esos escritos tienen sus "asegunes"..

1.-Colosio no era la Madre Teresa, como lo quieren hacer parecer....

Así era. "El mártir" priísta no era la Madre Teresa. Y hay que desmitificar su bonhomía con los testimonios de sus cercanos colaboradores: disciplinado, con don de mando rudo para hacer valer sus tomas de decisión.

2.-El beneficiario directo fue Zedillo.

Indudablemente el ex presidente Ernesto Zedillo fue el mayormente beneficiado con la muerte de Colosio. Y siendo "el heredero" de la estafeta que dejó caer Colosio, podía haber aportado mucho más testimonio habiendo sido coordinador general de la campaña del caído en Lomas Taurinas. En su momento, se reveló la carta que hizo llegar al candidato sobre las tensiones que habían con Salinas de Gortari y su consejo de limar asperezas con él. Pero Zedillo, si fuese también por voluntad de Colosio cedió los trastos al PAN y de cuya traición le achacó el actual senador y en el 2002 gobernador por el PRI de Chihuahua Patricio Martínez: 

"Patricio Martínez, se quita el saco, pide que le enciendan el aire acondicionado de su oficina, se apasiona y asegura llamar a las cosas por su nombre y arremete: “Ernesto Zedillo era un idiota, un pendejo y un hijo de su chingada madre”. “Un terco obcecado que odiaba al PRI por los terribles complejos que se cargaba”. Acto seguido, “le ordena al reportero Sr. Camacho (traído de México para la entrevista) que lo publique tal y como lo ha expresado”. Cabe aclarar, que Patricio había llegado a gobernador, en el sexenio y sin duda, con la anuencia política del Presidente Zedillo. Sin ella nadie llegaba.
Verdaderamente atónitos quedaron los chihuahuenses al enterarse de los calificativos que el Gobernador Patricio Martínez dedicó a su mentor, el expresidente Ernesto Zedillo. Refiriéndose a él con un lenguaje de auténtico carretonero.
Dos señalamientos obligados.
-La historia chihuahuense, no registra que gobernador alguno haya recurrido públicamente a un lenguaje tan lépero como el que utilizó Patricio Martínez para referirse al expresidente de México Ernesto Zedillo. Aunado al lenguaje; impropio, desleal y vergonzoso, este fue pronunciado por la primera autoridad del Estado.
-El segundo señalamiento: su actitud no es valerosa, equitativa y mucho menos congruente; ya que las pestes y tufos que le lanzó a Zedillo, fueron cuando el expresidente de México ya había terminado su mandato y se encontraba como catedrático en la Universidad de Boston a 5,000 Km. de distancia. Jamás le reprochó ni criticó absolutamente nada públicamente cuando ocupaba el puesto de presidente de México."

3.-Salinas no podía matarlo, ya que Colosio era su achichincle y la forma de extender su mandato...

Si Zedillo fue, el más beneficiado con la muerte de Colosio, Salinas de Gortari resultó el más perjudicado de la desaparición del sonorense. Y ahí estriba el beneficio de la duda para el promotor del Tratado de Libre Comercio para México. Lo que sí no cabe, es que desconozca bien a bien, de las andadas subterráneas de su brodi Raúl y que no sepa  dónde se le hizo bolas el engrudo. De ser así, lo tenían bien prendido de los tanates y dejó operar a los "brutus" de Lomas Taurinas. La respuesta está en el super asesor que tenía, Joseph Marie Cordova Montoya. Y, que le vuelvan a carear con Zedillo.

4.-Mario Aburto quizás no tiró del gatillo, pero inocente no es....

¿Mario Aburto? ¿Cuál de los tantos Mario Aburto?

5.-Zedillo tuvo 6 años para que la investigación se fuera diluyendo, y convirtiéndose en puros enredos...

Nebulosos como el "error de diciembre"

También, Saludos.

...Forum locuta, causa finita



NO SE HAGAN BOLAS....

10
autor soto01 el 24/mar, 2014 09:16 Diputado plurinominal

@artillerodel87 » El expediente de la investigación esta resguardado en el Archivo General de la Nación, sin permiso de consulta para ningún civil, se podrá abrir hasta.....2035.....cuando Aburto (cual?) cumpla su sentencia...

Saludos

P.D.1 Cual Aburto.....por eso digo que no es inocente, concediendo que hubiera varios "aburtos"...porque habrían de buscar a otros parecidos a este cuate??...es decir, si el llegó al mitín sin tener nada que ver con ningún complot, porque habrían de utilizarse fulanos parecidos a él???....porque no parecidos a la que vendía las gorditas, o a cualquier otro....

P.D.2 El discurso del 6 de Marzo???...mmmm ni al caso, todos los discursos de esos fariseos son iguales....todos prometen las perlas de la virgen y quesque van a cambiar quiesabeque......ya los hubieran matado a todos, no????

 

Mi pueblo es tan chico que cabe en el corazón...



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