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autor Escrito por apologeta
Gobernador
martes 12 de agosto de 2014 14:46

Apuntes para mis hijos. Por Benito Juárez (Y aplica a nuestra época).

Carta de Benito Juarez


Les presento una carta que escribió el Presidente Benito Juárez.
 
Apuntes para mis hijos,
por Benito Juárez
 
El 21 de marzo de 1806 nací en el pueblo de San Pablo Guelatao en el Estado de Oaxaca. Tuve la desgracia de no haber conocido a mis padres, indios de la nación Zapoteca, porque apenas tenía yo tres años cuando murieron. A los pocos años murieron mis abuelos y yo quedé bajo la tutela de mi tío Bernardino Juárez.
 
Como mis padres no me dejaron ningún patrimonio y mi tío vivía de su trabajo personal, luego que tuve uso de razón me dediqué hasta donde mi tierna edad me lo permitía, a las labores del campo. En algunos ratos desocupados mi tío me enseñaba a leer, me manifestaba lo útil y conveniente que era saber el idioma castellano.
 
Era sumamente difícil para la gente pobre, y muy especialmente para la clase indígena adoptar otra carrera que no fuese la eclesiástica. El ejemplo de algunos de mis paisanos que sabían leer, escribir y hablar la lengua castellana y de otros que ejercían el ministerio sacerdotal, despertaron en mí un deseo de aprender; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco o nada adelantaba en mis lecciones. Además, en un pueblo chico, como el mío, que apenas contaba con veinte familias y en una época en que tan poco o nada se cuidaba de la educación de la juventud, no había escuela; ni siquiera se hablaba la lengua española, por lo que los padres de familia que podían costear la educación de sus hijos los llevaban a la ciudad de Oaxaca, y los que no tenían la posibilidad de pagar los llevaban a servir en las casas particulares a condición de que los enseñasen a leer y a escribir. Este era el único medio de educación. Entonces me formé la creencia de que sólo yendo a la ciudad podría aprender, y al efecto insté muchas veces a mi tío para que me llevase a la Capital; pero sea por  el cariño que me tenía, o por cualquier otro motivo, no se resolvía y sólo me daba esperanzas de que alguna vez me llevaría.
 
Por otra parte yo también sentía separarme de su lado, dejar la casa de mi niñez y mi orfandad, y abandonar a mis compañeros de infancia. Era cruel la lucha que existía entre estos sentimientos y mi deseo de ir a otra sociedad, nueva y desconocida para mí, para procurarme mi educación. Sin embargo el deseo fue superior al sentimiento y a los doce años de edad me fugué de mi casa y marché a pie a la ciudad de Oaxaca, alojándome en la casa de donde mi hermana María Josefa servía de cocinera.
 
En los primeros días me dediqué a trabajar en el cuidado de la granja ganando dos reales diarios para mi subsistencia, mientras encontraba una casa en qué servir. Vivía entonces en la ciudad un hombre piadoso y muy honrado que ejercía el oficio de encuadernador y empastador de libros. Este hombre se llamaba don Antonio Salanueva quien me recibió en su casa ofreciendo mandarme a la escuela para que aprendiese a leer y a escribir.
 
En las escuelas de primeras letras de aquella época no se enseñaba la gramática castellana. Leer,  escribir y aprender de memoria el Catecismo era lo que entonces formaba el ramo de instrucción primaria. Era cosa inevitable que mi educación fuese lenta y del todo imperfecta. Hablaba yo el idioma español sin reglas y tanto por mis ocupaciones, como por el mal método de la enseñanza, apenas escribía.
 
Ansioso pedí pasar a otro establecimiento creyendo que de este modo aprendería con más perfección y con menos lentitud. Me presenté a mi nuevo maestro y me dijo, haz tu plana que me presentarás a la hora que los demás presenten las suyas. Llegada la hora de costumbre presenté la plana que había yo formado conforme a la muestra que se me dio, pero no salió perfecta porque estaba yo aprendiendo. El maestro se molestó y en vez de manifestarme los defectos que mi plana tenía y enseñarme el modo correcto sólo me dijo que no servía y me mandó castigar. Esta injusticia me ofendió profundamente no menos que la desigualdad con que se daba la enseñanza en aquel establecimiento; pues mientras el maestro en un departamento enseñaba con esmero a un número determinado de niños, que se llamaban decentes, yo y los demás jóvenes pobres como yo, estábamos relegados a otro departamento, bajo la dirección de un hombre con poco propósito para enseñar.
 
Disgustado del pésimo método de enseñanza y no habiendo en la ciudad otro establecimiento a qué ocurrir, me resolví a practicar por mí mismo lo poco que había aprendido para poder expresar mis ideas por medio de la escritura aunque fuese de mala forma, como lo es la que uso hasta hoy.
 
Este documento lo puedes encontrar en múltiples libros sobre la vida de Juárez. La carta original se encuentra en el Archivo General de la Nación, y puedes verla en: http://www.inehrm.gob.mx/pdf/apuntes_hijos.pdf
 
 
Pero, leyendo esta carta de Benito Juárez me doy cuenta que la educación en más de 200 años no ha cambiado mucho. Con todo ese reprobadero de los profesores "maletas", esperemos se medio componga esto. Que creo los que se deben ir, son el Secretario educación y toda (la enferma) SEP y los nada buenos sindicatos.
Los maestros han demostrado ser unas personas nefastas que ponen en frente su comodidad y bienestar por encima de la educación de millones de mexicanos y no existe un propuesta de cambio, no existe ninguna esperanza de que esto cambie. Ningún gobernante tiene los suficientes pantalones o agallas para enfrentarse a este problema tan grave que no solo impide el crecimiento del país y de millones de personas sino que también está llevando a la sociedad hacia mas ignorancia, delincuencia, problemas de adicciones y mediocridad y lo peor es que en algunos Estados los maestros lograron el acuerdo de poder heredar sus plazas, esto quiere decir que ni el futuro parece prometedor, el país está detenido por los intereses de unos pocos y eso me parece indignante; candidatos por favor demuestren que les importa el país y su gente, todos tenemos que darnos cuenta de esto y alzar la voz, demostrar inconformidad y rechazo. 
Ya anteriormente toqué el tema y vuelvo a repetir: Hay algunos (pocos) que son buenos profesores y por favor ustedes no defiendan y ni justifiquen a sus malos colegas, no hay que solaparlos, NO SIRVEN... QUE SE VAYAN. SALUDOS   
 

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