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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por paty14
Diputado local
Saturday 25 de June de 2016 11:23

Semblanzas Niño Fidencio

Estimados foristas quiero exponer la historia de un personaje de la época de nuestros abuelos y que nuestros padres nos han comentado alguna vez.

El Niño Fidencio y ésta es su historia

Miles de personas llegan año con año a Espinazo, Nuevo León. Hacen duras penitencias para agradar al Niño Fidencio y agradecer por los favores que han recibido.

Pero, ¿quién fue Fidencio Constantino y cómo es que reencarna en quienes ha designado como “materia” para seguir con su labor?
Esta región que ha acogido al fidencismo con los brazos abiertos es notablemente pobre. Aunque había permanecido olvidada de la mano de Dios, en los últimos meses muchas de sus calles ya aparecen pavimentadas y los días previos a la fiesta en honor a Fidencio, se detalla la construcción de unos arcos que van desde la entrada al pueblo, pasando frente a las casas ubicadas en la calle Jerusalén, que lleva hasta la casa en donde vivió y curaba.

Toda la gente en Espinazo conoce bien la historia del Niño Fidencio, un hombre de piel blanca, ojos verdes, pelo castaño y una estatura de 1.50 metros cuyo cuerpo no se desarrolló normalmente, de allí su apelativo de El Niño y fue huérfano de padre y madre.
El nombre que aparece en su acta de nacimiento es José Fidencio Constantino Síntora, con fecha de nacimiento el 13 de noviembre de 1898, en el Valle de las Cuevas, Guanajuato.
Valle de las Cuevas es una ranchería con casas edificadas, y sus padres, el señor Socorro Constantino y la señora María del Tránsito Síntora, tuvieron además de Fidencio, a Buenaventura, Socorro, Joaquín y Fulgencia.

SU PROTECTOR
Fidencio Constantino fue muy cercano a Enrique López de la Fuente –quien después se convirtió en su protector– desde niños cuando acudían juntos a la escuela primaria. Junto a él, Fidencio tuvo sus primeros acercamientos con los oficios religiosos.

Don Enrique declaró alguna vez que en la escuela buscaban mucho a su compañero para que les adivinara la suerte. Con el tiempo, el padre de Fidencio se fue a pelear a la Revolución y luego, por diversas situaciones llega a Espinazo, Nuevo León, donde fue socorrido por don Teodoro Von Wernich, con quien hizo amistad. Ya establecido en Espinazo, se vuelven a cruzar las vidas de él y de Fidencio, quien llegó en tren.

Durante estos años, Fidencio adoptó como su padre a don Enrique y asume entre sus labores normales curar a jornaleros lastimados o enfermos, así como auxiliar a las mujeres en sus partos, por lo que empieza a ser apreciado por los pobladores de la región.

Sus métodos para curar eran muy poco ortodoxos. Igual quebraba una botella para usar un pedazo de vidrio para hacer una incisión y extirpar un tumor, que lanzaba naranjas por la espalda a personas con problemas mentales. Las plegarias eran básicas en todos los casos.

Ya se le conocía como el mejor curandero de la región noreste, pero no fue sino hasta 1928, cuando el entonces presidente Plutarco Elías Calles visitó esa población en busca de la ayuda de Fidencio y su fama se incrementó por mucho llegando hasta el extranjero.

El padecimiento que aquejaba al Presidente nunca salió a la luz, pero en esa ocasión Calles, totalmente desnudo, fue cubierto de miel y solamente tapado con una cobija. Como agradecimiento, el general Calles, envió por ferrocarril alimentos y medicamentos para cubrir en parte las necesidades de la población.

RESUCITARÍA AL TERCER DÍA, SEGÚN LA ESCRITURA

El Niño Fidencio murió a la edad de 40 años el 19 de octubre de 1938 en Espinazo, N.L. por muerte natural. Aunque algunos atribuyen su muerte a consecuencia de las largas jornadas de trabajo que realizaba para curar a sus enfermos, que llegaban a ser hasta de 48 horas, a veces sin probar alimento; otros tantos aseguran que fue por alcoholismo.

“Ya me voy, pero volveré, y nadie sabrá en quién”, dijo el Niño Fidencio en la hora de su muerte.

Los creyentes estaban convencidos de que resucitaría al tercer día, tal como las escrituras se refieren a Jesús. Por ello, su cuerpo permaneció durante ese tiempo en una cama de flores junto al pirul donde se trepaba mientras lanzaba naranjas a los enfermos. Incluso fue fotografiado.
Durante ese proceso, una persona sufrió una especie de posesión. Su rostro inclinado y con los ojos cerrados comenzó a hablar con una voz un poco más aguda. Los presentes consideraron que se trataba de una manifestación del Niño Fidencio.
Finalmente, fue sepultado en la casa en donde vivió, sitio que se ha convertido en un templo desde su muerte gracias a sus padres adoptivos Enrique López de la Fuente, Consuelo Villarreal Mendoza, y a sus hijos y demás descendencia que le sobreviven.
Don Enrique hizo grabar en su tumba la frase: “Quise y admiré a Fidencio porque fue un gran hombre”.


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