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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por apologeta
Gobernador
Saturday 30 de September de 2017 01:20

LOS MÁS GRANDES RELATOS…

En este tema publicaré varios relatos reales, que marcaron en la Historia Moderna. Y empezaré por narrar: La más grande historia de amor... jamás escrita. 

Un frío día de 1845, una mujer reposaba en un sofá, en el segundo piso de una casa situada en la calle londinense de Wimpole. Daba la sensación de que la vida ya le había ofrecido todo lo que podía darle. En el silencio de la habitación que ella ocupaba permanentemente, su figura, hundida en el sillón, parecía una sombra vestida de terciopelo. La invalidez la tenía recluida allí desde hacía seis años. Era como una prisionera en su propio dormitorio, donde el ruido más fuerte que se oía era la respiración de “Flush”, un perrito de aguas. Esta inválida, cuya primera juventud estaba ya lejana, se llamaba Elizabeth Barrett, y aunque había ganado gran fama como poetisa, su precaria salud le cerraba las puertas al mundo. Un día, el cartero llamó al número 50 de la calle Wimpole. Con frecuencia llegaban cartas para Elizabeth, ya que ésta mantenía correspondencia con muchísima gente que le escribía en relación con sus poemas. También recibía cartas de admiradores, que arrojaba al fuego. Sin embargo, Elizabeth no quemó la carta que llegó aquel día. Aunque aún no lo sospechaba, aquélla iba a ser la llave que abriría las puertas de su prisión. Era el primer paso de una evolución que transformaría a una solterona achacosa en la heroína de un idilio sin igual en la historia de la literatura.

Después de mirar la firma, leyó ávidamente: “Amo sus versos con todo mi corazón, querida señorita Barrett”, así comenzaba la carta. Y luego seguía elogiando: “esa grande vívida poesía de usted”, haciendo gala de una cálida comprensión que le llegó al alma.

Y añadía: “Como digo, amo realmente sus libros con todo mi corazón, y la amo a usted también. ¿Sabe que una vez estuve a punto de conocerla personalmente? El señor Kenyon me dijo una mañana: ¿Quiere que le presente a la señorita Barrett?, y fue a anunciarme, pero al poco tiempo volvió diciendo que usted no se sentía bien. Regresé desconsolado a mi casa. ¿Nunca la podré ver?

“De todos modos, quiero decirle que era necesario que sus poemas se escribieran y que despertaran el agradecido y sincero entusiasmo y la alegría de su devoto admirador…Robert Browning.” 

 Esa carta fue como una ráfaga de auténtica felicidad para Elizabeth. Aunque sólo conocía a Browning por su obra poética, aunque todavía no había alcanzado tanto éxito como el de ella. En aquel momento le pareció que había entablado una relación personal común de un hombre franco, dinámico, lleno de amor a la vida. Sin vacilar le contestó:

“Gracias de todo corazón, señor Browning…”, comenzaba su carta. Luego pasó a discutir cuestiones literarias, como lo haría un poeta que se dirige a otro. Pero también atendió a la súplica velada en la carta de Browning relativa a que ambos se conocieran pronto, a lo que ella escribe: “Los inviernos me cierran todo horizonte, como cierran los ojos del lirón”, escribió con cierta picardía, y después hizo una delicada insinuación: “En la primavera veremos”. Elogiando de nuevo sus poemas y terminó: “Su agradecida y sincera amiga…Elizabeth Barrett.”

Continuará esta historia de amor…

Fotos: Elizabeth Barrett y en la otra Robert Browning

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