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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por apologeta
Gobernador
Friday 14 de December de 2018 19:00

Recordando… Los Héroes Desconocidos!!

El tema será para recordar a nuestros héroes en el olvido como bien lo apunto David Eagleman: “Hay tres muertes: La primera es cuando el cuerpo deja de funcionar. La segunda es cuando el cuerpo es arrojado a la tumba. Y la tercera es ese momento… en algún punto del futuro, cuando tu nombre es dicho por última vez”.

Bueno, empiezo con el primero de mi lista, es un extranjero, pero héroe en México… es un japonés en la Revolución Mexicana. Y ésta es la historia de Kingo Nonaka.

Nacido en la prefectura de Fukuoka, Japón, el 2 de diciembre 1889, el joven Kingo Nonaka llegó a México en 1906, a los 16 años de edad. Su objetivo era trabajar en el cultivo de café en Chiapas. Siguiendo las vías del tren, Kingo logró llegar a Ciudad Juárez, Chihuahua, donde fue adoptado por una mujer que lo mantuvo y le dio educación. Más tarde se enroló como enfermero en la sección de sanidad del grupo maderista y después con los villistas en la famosa División del Norte.

A Francisco I. Madero le curó las heridas de un brazo herido durante el frustrado ataque a Casas Grandes en Galeana. Sacó el cuerpo del general Rodolfo Fierro de las aguas de la laguna de Nueva Casas Grandes. Conoció a Pancho Villa, en lo que Nonaka consideraba “el mejor servicio sanitario de la Revolución Mexicana”. A su lado, participó en las batallas de Chihuahua, Ojinaga, San Pedro de las Colonias, Paredón, Torreón y Zacatecas, entre 1913 y 1914. Fue maderista y villista, reconocido oficialmente y condecorado como Veterano de la Revolución.

“Entre 1923 y 1942, Kingo tomó con su cámara Graflex cientos de imágenes de la Tijuana de los 20’s y principios de los 40’s”… cuenta Rivera Delgado. Kingo Nonaka, conocido ahora como “El Casasola de Tijuana”, fue también un notable fotógrafo, que perpetuó la imagen de la ciudad a la que llegó en 1920.

“Sus fotografías se han convertido en fundamentales para entender la época de la Tijuana de ese tiempo y han dejado una huella imborrable en la historia de nuestra ciudad”, afirma José Gabriel Rivera Delgado, Coordinador del Archivo Histórico de Tijuana. Sus imágenes cotidianas son clásicas y pintan la vida de la ciudad en los años citados. Cuando por motivos de la Segunda Guerra Mundial todos los japoneses de Tijuana fueron trasladados a la ciudad de México, el señor Nonaka fue uno de los fundadores del Instituto Nacional de Cardiología. Pasó sus últimos años en Monterrey… nunca regresó a Tijuana.

Genaro Nonaka García, un historiador de 85 años, quien con una lucidez impresionante cuenta la historia de su padre, Kingo Nonaka, en el libro Andanzas Revolucionarias, donde cuentan también el otro lado de Tijuana, más allá de la Avenida Revolución. El libro nació cuando Genaro encontró casualmente la autobiografía de su padre, un hecho que fortaleció aún más la admiración y el entusiasmo que le despiertan todavía las formidables andanzas de su progenitor.

Continuará con el siguiente héroe desconocido…

Fotos: Kingo Nonaka y en la segunda es señalado con un círculo rojo, a poca distancia de Pancho Villa… arriba de su inseparable carreta, en la toma de Torreón el 2 de abril de 1914.

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Hay 2 respuestas al foro

OTRO EXTRANJERO...

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autor apologeta el 14/Dec, 2018 19:50 Gobernador

Gonzalo Guerrero

Uno de los héroes más importantes de la historia nacional que sólo es recordado en algunas partes de la península mexicana, él es un español reconocido como un traidor por luchar junto al pueblo maya durante la Conquista. Antes de asimilar la cultura maya, Gonzalo Guerrero, originario del poblado de Niebla (cerca del puerto de Palos, España), era marinero y arcabucero de Carlos V. Había participado en la conquista de Granada y, dentro del nuevo continente, en la de Darién. Ahí fue compañero de Jerónimo de Aguilar y Juan de Valdivia, cuya misión, en 1511, consistió en viajar a la isla La Española a rendir informes. Ahí comenzaría la aventura que cambiaría drásticamente su destino.

Llegó en una expedición marítima que naufragó hasta llegar a la Península de Yucatán. Fray Jerónimo de Aguilar naufragó con él pero a diferencia de Guerrero, él se mantuvo fiel a su cultura y religión. Gonzalo Guerrero se integró a la cultura maya, participó en enfrentamientos contra tribus enemigas y adiestró a los indígenas en el manejo de armas y construcción de fuertes.

Cuando llegó el ejército de Cortés, combatió al lado de los mayas y dirigió campañas contra Francisco de Montejo con lo que detuvo la conquista de Yucatán pero murió al defender las tropas del capitán Lorenzo de Godoy y es considerado como el padre del mestizaje.

Foto: Monumento al mestizaje erigido en memoria de Gonzalo Guerrero en Chetumal, Quintana Roo. Con su esposa Ix Chel Can e hijos.

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autor apologeta el 15/Dec, 2018 19:46 Gobernador

Recuerdan a héroes mexicanos olvidados en “El sueño de la mantarraya”

Este montaje teatral, que rescata la historia del grupo de militares que defendió la isla de Clipperton a principios del siglo XX, es una lección de patriotismo y civismo.

A estos mexicanos los olvidamos todos!! Primero los olvidó Porfirio Díaz y luego los 14 gobiernos que han sucedido desde la Revolución Mexicana. Es un puñado de soldados que fueron enviados durante el porfiriato a defender la Isla de Clipperton, ubicada a mil 200 km de las costas de Acapulco, y del cual en la historia oficial se han escrito muy pocas líneas.

El francés Víctor Le Koat de Kerwegue, el expedicionario que, sin llegar a desembarcar en la isla, declaró a Clipperton territorio del Imperio de Francia.

“Es una época en que los imperios hacen todo lo posible por expandir sus reinos. Porque además de los franceses, también los ingleses reclamaron esa isla. Es entonces que Porfirio Díaz se entera y manda una expedición para defender a Clipperton”.

Al mando de Ramón Arnaud Vignon, un grupo de militares desembarca para conservar en la isla el estatus de “territorio mexicano”, ya que aparecía en los mapas de la Nueva España.

Esos mexicanos que opusieron resistencia a franceses e ingleses son ahora rescatados por el teatro a partir de la obra El sueño de la mantarraya: la isla de Clipperton.

“La obra habla del heroísmo de esta clase de mexicanos que también los hay, pero que no aparecen en la historia. Estos hombres defendieron la isla y permanecieron ahí a pesar de que se quedaron en el olvido porque a Porfirio Díaz se le atravesó la Revolución Mexicana y nadie se volvió a acordar de ellos”.

El capitán Williams, que llegó con su barco a la isla de Clipperton poco antes de la Primera Guerra Mundial y le ofreció a Arnaud y a su regimiento rescatarlos para llevarlos a tierra.

¿Qué respondieron los mexicanos? “Nos quedamos en la isla porque no hemos recibido una orden distinta de nuestra superiores”. Esta muestra de patriotismo es una enseñanza cívica. “Son hombres y sucesos importantes que no aparecen en los libros de texto pero que debe ver la mayor cantidad de mexicanos posible. La obra pretende esa labor, recordar esa historia”.

La Isla Clipperton es un pequeño atolón coralino situado en el Océano Pacífico, a unos 1.300 kilómetros al suroeste de Acapulco, en la costa mexicana. Es un islote completamente aislado; la tierra emergida más cercana está a casi mil kilómetros de allí, se trata de la Isla Socorro. Con apenas 9 kilómetros cuadrados de superficie, incluyendo la laguna interior, es un pedazo de tierra sin apenas interés de ningún tipo, tampoco humano, porque está completamente deshabitada. La soberanía sobre el atolón la ostenta Francia, formando parte de las posesiones francesas de ultramar. Pero la isla no fue siempre francesa, y tampoco estuvo siempre deshabitada. Hace cien años fue escenario de una tragedia digna de cualquier drama shakesperiano.

Pero esta historia sucedió así:

La isla fue descubierta a principios del siglo XVIII por John Clipperton, pirata y corsario inglés que se dedicó, entre otras cosas, a atacar posesiones y navíos españoles en nombre de su majestad británica. Si bien no existe evidencia documental, se afirma que utilizó la isla como base para sus expediciones de rapiña. La leyenda dice que enterró parte de sus ganancias en la isla (¡el tesoro del pirata!), algo que parece poco probable a estas alturas, pero dejémoslo ahí. En 1711 un par de barcos franceses llegaron al atolón y le dieron su nombre galo, la Isla de la Pasión. Algo raro tienen que tener los franceses para denominar así a una isla cuyo único atractivo era y es el guano. Dejémoslo ahí también. Durante el siglo XIX Estados Unidos, Francia y México se disputaron la soberanía sobre el minúsculo islote; finalmente en 1909 Francia y México llegaron a un acuerdo; se someterían al arbitraje de Victor Manuel III, a la sazón rey de Italia. El problema fue que la decisión tardó 22 años en llegar.

Previamente al acuerdo franco-mexicano el gobierno azteca había alcanzado un acuerdo con la Pacific Island Company para la explotación del guano de la isla. Era 1906, y Clipperton viviría unos brevísimos años de algo parecido a la prosperidad que culminarían en una horrible tragedia. La compañía británica, junto con el gobierno de Porfirio Díaz, procedió a la construcción de un asentamiento minero, con sus barracones, su pequeño ferrocarril, su faro y sus mineros italianos y chinos traidos de San Francisco. México también envió un pequeño destacamento militar, al mando del cual se encontró Ramón Arnaud, primer (y único) gobernador de Clipperton, título que ostentaría durante 10 años, entre 1906 y su muerte en 1916. Entre medias se casó con una tal Alicia Rovira, a la que se llevó a vivir a la Isla de la Pasión. Por más que sea una idílica isla del Pacífico, un atolón recubierto de mierda no es el mejor destino para una luna de miel, pero bueno.

Entre 1906 y 1914 la población de la isla se mantuvo alrededor de los 100 habitantes entre mineros, ingenieros, militares y sus familias (mujeres y niños incluidos). En 1908 la Pacific Island Company cesó sus operaciones en la isla, al encontrarse en bancarrota, y al no poder dar salida al guano de Clipperton, de baja calidad. Quedaron pues los hombres del destacamento militar, para reafirmar la soberanía mexicana en la isla, y mineros sin lugar a donde regresar ni nadie que les llevara. Los víveres y demás recursos, incluyendo el agua potable, llegaban cada dos meses con un barco procedente de Acapulco. Es fácil imaginar el acontecimiento que supondría, para una comunidad aislada más allá de lo normal, y de apenas cien personas, la llegada de un buque con todo lo necesario para seguir simplemente vivo. En 1910 se desató la Revolución Mexicana, de la que en Clipperton apenas se enteraron. Hasta enero de 1914, cuando el barco de Acapulco dejó de llegar ya que fue hundido por los revolucionarios mexicanos frente a las costas de Mazatlán.

Poco después una goleta estadounidense encalló en el lugar. Ante las noticias que los marinos americanos trajeron de México tres oficiales se lanzaron en un bote hacia Acapulco, a donde llegaron semanas después; sin embargo, las nuevas autoridades mexicanas declinaron rescatar a un declarado partidario del régimen anterior. El escorbuto y el hambre se cebaron con los isleños. Para cuando la marina norteamericana envió un barco de rescate, en junio de 1915, quedaban apenas 24 personas en la isla, 14 hombres, seis mujeres y seis niños, que sobrevivían a base de leche de coco y pescado. Los americanos rescataron a su gente y ofrecieron a Arnaud el transporte hasta Acapulco para toda la guarnición, pero el capitán se negó. En su juventud fue enjuiciado y condenado por deserción, y quizás temió ser acusado de nuevo de lo mismo. Esa decisión fue su sentencia de muerte. Suya y de casi todos los demás.

Durante el siguiente año la mayoría de la población falleció de hambre y escorbuto. Es difícil imaginar las condiciones físicas y sobre todo mentales de la escasa población de la isla. Aislados, sin provisiones y sin esperanza, volviéndose locos a cada minuto. El Capitán Arnaud y cuatro hombres más murieron ahogados al hundirse la precaria balsa en la que pretendían alcanzar un barco que les rescatara. En 1917 en la isla quedaban un hombre (el farero), ocho mujeres y siete niños. El farero, un hombre llamado Victoriano Álvarez, terminó enloqueciendo (como ya habían hecho otros hombres en la isla antes que él), y tras proclamarse Rey de Clipperton procedió a embarcarse en una orgía de violaciones y asesinatos que acabó con la vida de cuatro mujeres. La quinta en la lista era la viuda de Arnaud; cuando comenzó a recibir las atenciones del farero sencillamente lo mató. Muy poco tiempo después un navío de guerra de EE.UU. pasó por la isla y recogió a los 11 supervivientes, cuatro mujeres y siente niños.

Foto: Los sobrevivientes de Clipperton, 1917.

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