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Cultura

Intercambio de información sobre música, lectura, teatro, etc. Apuntes del acontecer cultural en la Comarca y sus fronteras.

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autor Escrito por Nohemi22
Visitante distinguido
Tuesday 8 de October de 2019 19:10

JUAN DE DIOS PEZA

Hola amigos foristas ¿ya me extrañaban? Les he preparado un buen tema para los románticos y románticas de estos foros y desde luego a los lectores que me han estado leyendo en algunos de mis temas, les doy las gracias a todos ustedes. Y si, les traigo algo más que la vida de este ilustre e intelectual mexicano Juan de Dios Peza, personaje de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, de orientación romántica y tendencia liberal. Él retrata la historia del payaso triste, del cómico a quien todos quieren escuchar como terapia a los problemas de la rutina, pero que no es feliz. Pero entonces ¿Quién anima al payaso? El poema habla por sí solo.

Ésta es una sus obras y que siempre me enamoré de ella, ya que involucra a otro personaje del siglo XVIII, a un gran actor, dramaturgo, poeta, director, productor, consiguió ser el primer actor enterrado en la Abadía de Westminster, en el rincón de los poetas, cerca de Shakespeare, a quien tantas veces adaptó sobre el escenario. Y desde luego me refiero a David Garrick. Se creó una leyenda poética alrededor de este personaje, que no he conseguido localizar con la fuente exacta en esta noche hermosa de octubre, a partir de este poema de Juan de Dios de Peza. Pero demos inicio con el poema, y se llama:

REÍR LLORANDO 

Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—

el pueblo al aplaudirle le decía:

«Eres el más gracioso de la tierra

y el más feliz...»

                                Y el cómico reía. 

Víctimas del spleen, los altos lores,

en sus noches más negras y pesadas,

iban a ver al rey de los actores

y cambiaban su spleen en carcajadas.

 

Una vez, ante un médico famoso,

llegóse un hombre de mirar sombrío:

«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso

como esta palidez del rostro mío. 

»Nada me causa encanto ni atractivo;

no me importan mi nombre ni mi suerte

en un eterno spleen muriendo vivo,

y es mi única ilusión, la de la muerte». 

—Viajad y os distraeréis.

                                             —¡Tanto he viajado!

—Las lecturas buscad.

                                         —¡Tanto he leído!

—Que os ame una mujer.

                                               —¡Sí soy amado!

—¡Un título adquirid!

                                     —¡Noble he nacido! 

—¿Pobre seréis quizá?

                                         —Tengo riquezas

—¿De lisonjas gustáis?

                                         —¡Tantas escucho!

—¿Que tenéis de familia?

                                             —Mis tristezas

—¿Vais a los cementerios?

                                               —Mucho... mucho... 

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?

                                  —Sí, mas no dejo que me impongan yugos;

                                      yo les llamo a los muertos mis amigos;

                                      y les llamo a los vivos mis verdugos. 

—Me deja —agrega el médico—perplejo

vuestro mal y no debo acobardaros;

Tomad hoy por receta este consejo:

sólo viendo a Garrik, podréis curaros. 

                                                 —¿A Garrik?

  —Sí, a Garrik... La más remisa

y austera sociedad le busca ansiosa;

todo aquél que lo ve, muere de risa:

tiene una gracia artística asombrosa. 

                                                     —¿Y a mí, me hará reír?

—¡Ah!, sí, os lo juro,

él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?

                                                      —Así —dijo el enfermo—no me curo;

                                                     ¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta. 

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,

enfermos de pesar, muertos de tedio,

hacen reír como el actor suicida,

sin encontrar para su mal remedio! 

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!

¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,

porque en los seres que el dolor devora,

el alma gime cuando el rostro ríe! 

Si se muere la fe, si huye la calma,

si sólo abrojos nuestra planta pisa,

lanza a la faz la tempestad del alma,

un relámpago triste: la sonrisa. 

El carnaval del mundo engaña tanto,

que las vidas son breves mascaradas;

aquí aprendemos a reír con llanto

y también a llorar con carcajadas.

       Juan de Dios Peza

 

El tópico ha tenido grandes representaciones a lo largo del siglo XX. La inolvidable historia de Gelsomina y Zampanó en La strada, dos artistas ambulantes en la Italia de posguerra, dirigida por Fellini en 1954, que también homenajeó a los payasos a lo largo de su carrera, pero sobre todo en I clowns, la historia de un grupo de payasos buscavidas.

                                          imagen

 


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Hay 4 respuestas al foro

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