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La Laguna

Discusión sobre el acontecer diario en la Comarca Lagunera

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autor Escrito por blablablabla
Gobernador
Saturday 7 de June de 2014 19:04

Prostitución en Torreón

Siempre fue Torreón una ciudad de juerga desde los tiempos de las bonanzas algodoneras en que el dinero corría a manos llenas. Francisco L. Urquizo
 
El Tema no es nuevo varios historiadores lo han mencionado en sus libros. El problema de la prostitución aparece desde la llegada del ferrocarril a esta población. La razón de este fenómeno se debe en un principio Torreón fue una población de hombres, trabajadores que construyeron en casi treinta años, los edificios de la ciudad, tendieron las vías del ferrocarril y del tranvía de la región, así como la construcción de la enorme red de canales de riego. Anualmente llegaban a La Laguna entre 20 o 30 mil personas a las pizcas de algodón principalmente hombres. Y si a lo anterior le suma la migración de chinos, españoles y norteamericanos  que en su mayoría solteros podemos ver que había tierra fértil para el negocio de la prostitución.
 
La ciudad de Torreón, en sus inicios, fue descrita como la más norteamericana de las ciudades mexicanas. Pero tenemos que precisar que era como una ciudad del oeste norteamericano, con sus cantinas y burdeles. El ambiente social en ese tiempo era deprimente, así lo describe el historiador Roberto Martínez, en el libro Llanuras Sin Fin, de la siguiente manera: “juegos de azar siempre, tanto de día como de noche, y con especialidad los sábados y domingos…. bailes públicos con mujeres Ydem, al aire libre y en plena calle… El juego por mayor y menor, los lupanares y las cantinas abundan”.[1]
 
 Por su parte Tulitas Wulff, residente de Torreón en esa época nos cuenta : Después de la comida venía la siesta…La comunidad entera paraba brevemente- tiendas y negocios cerrados, y las únicas personas que se encontraban fuera merodeando, eran las “damas de  la noche” a quienes se les permitía ejercer su dudoso comercio a esas horas, y desde luego, sus clientes.
 
 En el directorio  Torreón de Jacobo M. Aguirre de 1902, se menciona que antes que se le diera un nombre oficial a las calles había una que, Se llamó Barrio de las flores donde las hijas de la alegría sentaban su reales.
 
La prostitución  se volvió un problema tan grave que el municipio  tuvo que establecer un Reglamento de Prostitución que empezó a regir el 15 de agosto de 1898, en La Villa de Torreón. En el reglamento escrito a mano, en letra manuscrita, dice: “Se establece en esta Villa una sección de policía sanitaria con objeto de vigilar porque se amplía estrictamente con lo dispuesto en este reglamento. Dicha sección se compondrá de dos empleados: el médico municipal y un inspector de sanidad que será el comandante de policía”.

En el capítulo 4 de este documento, dice cómo tenían que comportarse las prostitutas: “…Deberán portar su libreta de tolerancia, presentándola a quien lo requiera, algún particular o la policía… Portarse y vestir con decencia, a no hacer escándalo en las calles y lugares públicos, a no reunirse en grupos públicamente, a no saludar a los hombres y provocar la prostitución con señas y palabras obscenas…”.
 
Esta circunstancia creó ciertos resistencia de algunas personas para traer sus familias a Torreón. El poeta José Otto quien vivió a principios del siglo XX en Torreón escribía a su esposa que Torreón no era un lugar para que viviera una familia, que él podría ir a verla cada mes, como lo hacía Práxedes de la Peña. Parece que esto no convenció a su mujer del poeta, por lo que estableció su hogar en Lerdo a unos 10 kilómetros de Torreón, pero que era que era fácil de llegar en tranvía, donde tenía su trabajo. Al parecer muchos tenían su hogar en Gómez Palacio o Lerdo y tenían sus negocios en Torreón.
 
Revolución
Al comenzar la Revolución los burdeles que había en Torreón ya eran famosos y no se encontraban mejores en todo el norte del país. Las tres casas de calidad eran las de María Ortega, Paulina y la Niña, con unas veinte o treinta mujeres cada una ellas. Eran las que daban el servicio desde la tarde hasta la madrugada a los jefes y oficiales, sin contar a los prostíbulos de menor calidad que eran donde iban los de tropa. Todos esos establecimiento estaban agrupados en el mismo barrio y era ahí donde el jefe de día, con una fuerte escolta, que se componía de una escuadrón montado, ejercía su mayor servicio, sofocando desordenes y balaceras

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