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El candidato presidencial Andres Manuel López Obrador en una foto de abril (Marco Ugarte / Associated Press)
// 0){ document.getElementById('articleViewerGroup').style.width = requestedWidth + "px"; document.getElementById('articleViewerGroup').style.margin = "0px 0px 10px 10px"; } // ]]> MEXICO (AP) Por tratarse de un hombre que tal vez perdió la presidencia debido a sus posturas rígidas y enconadas, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador sorprende con su serenidad y cordialidad en la actual campaña electoral mexicana.

En su segundo intento, el canoso hijo de un tendero a quien muchos mexicanos pobres aman viaja en el metro, hace cola en el aeropuerto para viajar en clase turista, posa pacientemente para fotos con sus seguidores e incluso lanza rosas a la comunidad empresaria en una campaña cuya divisa es la "República del Amor".

Poco tienen que ver estos gestos con el orador fogoso que durante la campaña de 2006 dijo al entonces presidente Vicente Fox, "¡cállate chachalaca!" (un pajarraco estridente) y "al diablo con tus instituciones (políticas)". Y que además, decidió evitar uno de los dos debates entre los candidatos y acusó a las empresas, televisoras y diarios de conspirar contra él.

Grupos empresarios lo atacaron como un "peligro para México" semejante al presidente venezolano Hugo Chávez y su ventaja se evaporó el día de las elecciones, ganadas por el derechista Felipe Calderón por un margen de 0,56 punto.

López Obrador denunció un fraude electoral y se negó a aceptar el resultado. Sus partidarios iniciaron una ocupación masiva de las calles que paralizó el centro de la capital mexicana durante un mes y medio, algo que muchos aún recuerdan con rencor.

Pero su paso siguiente, después de levantar las carpas en el céntrico Paseo de la Reforma, una de las arterias principales de la ciudad, consistió en escalar la confrontación.

Se declaró "presidente legítimo", se hizo "juramentar" en diciembre de 2006 y encabezó un gobierno alternativo que hizo muy poco.

Los analistas dicen que está pagando por esos errores tácticos en esta campaña de cara a las elecciones del 1 de julio, a pesar de que ha ofrecido disculpas por las protestas que paralizaron la Ciudad de México e intenta proyectar una imagen más amable.

Según algunas encuestas, hasta un tercio de los mexicanos dicen que jamás votarían por su Partido de la Revolución Democrática (PRD), y la imagen pública negativa de López Obrador es mayor que la de cualquiera de sus rivales, aunque eso está cambiando. Aparentemente, el común de los mexicanos lo ama o lo odia.

"El bloqueo de la Reforma pareció al fin y al cabo un berrinche, y el gobierno alternativo y la presidencia legítima una ópera bufa", dijo el analista político y columnista Jorge Zepeda Patterson.

Su difusa campaña bajo el lema de la "República del Amor" para acabar con los rencores tampoco ha despegado. Está estancado en el 20% en las encuestas y disputa el segundo puesto, debido más al retroceso de Josefina Vázquez Mota, del gobernante Partido Acción Nacional, que a su propio ascenso. El favorito Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional, les lleva entre 15 y 20 puntos de ventaja.

Ignacio Marván, uno de sus asesores en 2006, reconoció que la táctica del "gobierno legítimo" fue una medida controvertida. "Había gente súper de acuerdo y había gente en contra, incluso dentro del movimiento".

Pero el ex asesor dijo que AMLO, como se lo conoce popularmente, no es un impulsivo que se deja llevar por sus emociones, como dicen sus detractores, sino un hombre con convicciones profundas.

"Es emotivo... no tiene atole en las venas", dijo Marván en alusión a una bebida espesa de maíz muy popular en México. Cuando se acusa a alguien de tener atole en las venas, se le está tachando de indolente.

Esta emotividad es evidente en sus legendarios actos políticos, en los cuales sus partidarios corean su apellido materno y llevan amuletos y "playeras" (camisetas) decoradas con su imagen paternal.

López Obrador, habitualmente flemático y de hablar lento, parece absorber la emoción del auditorio y alcanza las alturas retóricas.

"Le gusta", dijo Manuel Camacho Solís, su jefe de campaña en 2006. "Es que, cuando tú estabas en los mitines, era tal el fervor, la pasión, que te llevan a pensar que, en efecto, ya traes al país en la mano.

"La confianza le llevó a un cálculo estratégico equivocado en donde él supuso que tenía más fuerza de lo que tenía, entonces él creyó que no tenía que negociar con nadie", añadió.

Esta vez, el candidato de 59 años trata de cortejar a los empresarios y evitar que se vuelvan en su contra como en 2006.

Habla de cuestiones que les interesan, ofrece propuestas para reactivar el consumo interno y no tiene planes de expropiar empresas privadas. Su programa, bastante moderado, promete usar la petrolera estatal Pemex para estimular la economía.

Pero López Obrador también habla con franqueza sobre temas en los que no hay acuerdo, tales como las llamadas reformas estructurales para flexibilizar las leyes laborales o abrir el sector energético a la inversión privada, ideas que él rechaza.

"Nosotros tenemos la obligación de hablar de esta manera, no dorarle la píldora a nadie, no venir a querer quedar bien con ustedes", dijo López Obrador en una reunión de empresarios semanas atrás. "Que yo les hable de que vamos a llevar a cabo las reformas estructurales, yo no creo en eso".

Si bien ha tratado de suavizar su imagen polémica, en esencia López Obrador no ha cambiado demasiado desde que era un funcionario de desarrollo social en su estado natal de Tabasco, en la costa del Golfo de México.

Los tabasqueños recuerdan cuando López Obrador se enteró de que los indígenas locales no tenían suficiente tierra seca para sus cosechas. Requisó una flotilla de lanchas y topadoras de Pemex y dragó canales en los pantanos, creando estrechas franjas de tierra para el cultivo. Luego encabezó a pobladores cuyas cosechas habían sido arruinadas por derrames petroleros en medidas de fuerza para reclamar indemnizaciones.

Siendo alcalde de México en los primeros años del siglo, su medida más famosa fue otorgar una pensión de 50 dólares mensuales a los mayores de 70 años, lo que le granjeó la lealtad inquebrantable de los ancianos.

El hecho de no haber cambiado su mensaje fundamental podría ayudarlo frente a las campañas manejadas al milímetro de sus rivales, dice Zepeda Patterson.

"Bueno o malo, el tabasqueño ha sido consistente a lo largo de los años", escribió el columnista. "Una mirada crítica sobre la agenda nacional y una solidez moral personal son rasgos inherentes a su personalidad, no el resultado de la construcción de un cuarto de guerra electoral.

"Me parece que buena parte de su repunte tiene que ver con esa percepción por parte del electorado: a pesar de sus defectos, López Obrador es un referente auténtico en medio de los clichés propagandísticos que proyectan sus rivales".

El López Obrador más amable y cordial estuvo a la vista en un acto de campaña esta semana, cuando un provocador aparentemente alienado subió al escenario y se explayó con una teoría conspirativa incoherente.

AMLO impidió que su gente echara al provocador del escenario.

"Esto es algo normal, es el ejercicio de la libertad", dijo, después de pedirle amablemente al hombre que le permitiera continuar con su discurso.