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Religión

Foro sobre religión.

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autor Escrito por jfquinmar
Visitante distinguido
jueves 5 de febrero de 2009 23:14

UNA PEQUEÑA GRAN HISTORIA

Hemos escrito muchas cosas en donde hacemos alarde de santidad, hemos criticado a nuestro semejante y hemos hecho los cristianos a un lado las ensañanzas de nuestro señor Jesucristo, cuando las grandes conversiones provienen de muchos en los que la historia, geografia, moral, etica, politica u economia les viene a flores, BENDITA IGNORANCIA, Hemos dejado de ser como niños, aún cuando Jesús nos lo ha pedido, nos ha entregado a su madre y nos ha hermanado atravez de su presencia, pegaré una nota de el siglo, que he guardado para no olvidar... espero que les guste, tanto a mis amigos católicos como a mis amigos de otras religiones...

Más Allá de las Palabras / Anécdotas del padre Trampitas

Por: Jacobo Zarzar Gidi Jacobo Zarzar Gidi

Segunda parte
 
Pancho Valentino fue conocido en la Ciudad de México, fue aquel asesino que mató a un sacerdote francés, en la capilla de la Virgen de Fátima en la colonia Roma. Practicaba la lucha libre. Yo una vez lo vi levantar a un hombre de setenta y cinco kilos desde el suelo, lo levantó dieciseis veces, era muy fuerte, lo mató para robarle. Cuando llegó a las Islas Marías, me saludó en esta forma: “Yo soy Pancho Valentino -el mata curas- eh". Y yo le contesté: “Pues mira, yo soy el padre Trampas, el que mata a los mata curas, y no te me enchueques carbón".
Les diré que esas palabras de “carbón" y “tiznado", allá no suenan mal, son como jaculatorias que podemos decir, es una manera de expresarse. Hubieran visto cuando contemplaron al Sumo Pontífice en la televisión besar la tierra de México. “Chin, esos son santos de veras" -gritaban emocionados-. Pancho Valentino y yo, por muchos años no nos hablamos, lo puse a trabajar de bibliotecario haciendo limpieza. Todos los días pasaba por ese lugar cuando iba a oficiar la primera misa como a eso de las siete de la mañana.
“Buenos días Pancho". Me dirigía una mirada despectiva, ni siquiera me respondía. Algunas veces me contestaba con un escupitajo. Después de varios años, en una pasada que di, me dijo: “Oiga padre Trampitas, venga, le quiero obsequiar una pintura". Me regaló un cuadro pintado por él donde aparece el Cristo de Dalí, inclinado, y cuya sangre se derrama sobre las Islas Marías. En la parte de atrás de la pintura le escribió: “Al bueno y humano padre Trampitas, quien sembró en mi alma el amor a Cristo, que me enseñó que mi Redentor vive en el cielo y que algún día lo veré".
Pancho Valentino me lo regaló y a los cuantos días me obsequió el Cristo de Velázquez -ese de la cabellera- con una dedicatoria similar, luego el Cristo de Limpias -el de la agonía- ¡bien bonito! Después me regaló mi retrato. Había en ese entonces un preso súbdito inglés -porque allí hay reclusos de toda la República y de muchas otras partes del mundo. Se acerca y me dice: “Padre Trampitas, cuídate de Pancho Valentino, porque anoche me invitó para matarte, yo no quise aceptar, porque a ti te debo la salud de mi esposa y de mis hijos. (Yo le había dado algunas medicinas de las que tengo), pero cuídate". “Está bien" -le dije.
Era el día dos de enero, estaba yo escribiendo mis cartas en la sacristía cuando escuché que estaban dando el toque de queda que en ese tiempo lo daban a las 8:30 de la noche. (A esas horas ya nadie puede caminar por las calles, todos deben de permanecer con sus familias, en sus celdas o barracas). Unos minutos después de haberse dado el toque de silencio, golpearon a mi puerta, yo dije: “Adelante". Entró Pancho Valentino, se me para enfrente y dice: “Buenas noches". “Buenas noches Pancho". “¿Estamos solos?" “Nadamás Dios está con nosotros". Cierra la puerta y con una voz despectiva y fuerte dijo: “Vámonos, camine, vamos al Sagrario".
Miren, créanme, pensé que ya me había llegado la hora, pero, mire, sentí tal gozo, porque es una cosa que le he pedido a Dios morir en la prisión y que mi tumba se levante entre las tumbas de mis compañeros que muchos de ellos han volado al cielo, casi todos. Dije: “Ya llegó mi hora", tanto que le dije a Nuestro Señor: “Señor, te prometo no meter las manos para defenderme". Caminé y le dije a Nuestro Señor: “Acepta mi sangre y mi vida para la salvación de todos los prisioneros actuales y los que vengan después, no tiene valor mi sangre pero tú se lo darás". Llegamos frente al Sagrario, y le dije: “Ya estamos aquí Pancho, ¿qué querías?". Se quedaba mirándome y mirándome, y me aventaba.
Al sacerdote de origen francés lo aventó varias veces para que corriese y luego lo cogió de los pies, lo jaló y se le echó encima, fue entonces cuando lo ahorcó. Me aventaba, y le dije: “No, mira Pancho, ¿qué es lo que quieres?" “Pues enséñeme, ¿cómo dice usted que es eso de orar a Dios? ¿Cómo se ora?, a ver, dígame, ja ja ja ja..." “No Pancho, mira, eso no, ya sé a lo que vienes". ¡Me llené de un valor, como nunca! Sentí una gran emoción y una gran alegría. Podemos decir que ya tocaba el cielo, oiga, porque mire, estaba la Virgen de Guadalupe -que yo la había colocado allí-, el sagrario, el altar donde tantas veces le he pedido a Dios esa gracia de morir aquí, óigame, pues todos los factores cooperaban a sentirme ya casi en la gloria, de veras, me sentía rete emocionado.
“Mira Pancho, ya sé a lo que vienes, lo que has de hacer, hazlo pronto, te prometo no meter las manos para defenderme". Entonces me miró, se quedó observando la imagen de la Virgen de Guadalupe, y miren, yo vi cuando el semblante de aquel hombre casi cambió la expresión de su rostro, se quedó mirando a la Virgen de Guadalupe y dijo: “No, ya no, madrecita, ya no... Madre de Dios, ayúdame". Y yo que creí que se iba a lanzar sobre mí, apreté las manos, pero no, se fue contra el sagrario. Lo golpeaba y decía: “Señor, Dios del perdón, perdóname Señor... en este momento, hace diez años, un santo sacerdote tuyo expiraba entre mis manos asesinas". (Y, sí, en efecto, era el dos de enero -hace diez años- cuando cometió el terrible asesinato.) “Mátame si quieres Señor, pero perdóname". Miren, aquel hombre no lloraba, bramaba, rugía como un león herido. Claro, estaba herido con la saeta de amor del Espíritu Santo.
“Mátame si quieres Señor, pero perdóname y ayúdame Padre mío". Yo caí de rodillas junto a él, yo que esperaba la muerte, y en lugar de llegar la muerte me encontré con un abismo de misericordia. No tuve más que caer de rodillas, y yo le dije al Señor: “Señor Dios mío, Tú no desprecies al corazón contrito y humillado, acuérdate también de aquella vez cuando yo mismo fui tu perseguidor y después juré seguirte delante de mi madre, acuérdate". Mire, aquellos fueron veinte minutos de misericordia, después le di la absolución. Al día siguiente fue a comulgar. Entonces, uno de los presos me dice: “Padre, hoy sonaron las campanas gordas en el cielo porque comulgó Pancho Valentino". Le dije: “Si hubieras estado aquí anoche, hubieras escuchado los sonoros bronces del Reino de los Cielos tocando alegría por un pecador que se arrepiente según la promesa de Cristo. Mire, desde entonces asistía a la misa, todo de rodillas, no se sentaba porque sabía que estaba delante de Dios, la homilía del domingo la escuchaba de rodillas porque sabía que estaba oyendo la palabra de Dios, cuando iba a confesarse, me hacía una seña así, y me decía: “Padre, una enjuagadita, una enjuagadita".
Pues mire, si viera usted cómo se queda uno humillado delante de esos grandes pecadores al ver cómo se convierten a Cristo, se llenan de amor. En una ocasión, de Puebla me llegó un telegrama donde me pedían palancas para unos cursillos de cristiandad; estaba conmigo Pancho y se lo comenté. Me dijo: “¿Qué es eso de palanca?" Mira, quiere decir que tú vas a ofrecer aquí comuniones, misas y sacrificios para que aquellos hombres que se juntan allá encuentren a Cristo, como tú lo encontraste aquí. “Ah, está bueno" Entonces les voy a decir que tú ofreces por tres meses todos tus sufrimientos. Pero padre, ¿cuáles sufrimientos? Mire Padre, se lo digo de verdad, desde que conocí a Cristo, ya no hay sufrimiento; antes, cuando me mandaban al corte de la penca, a la piedra, a los hornos de cal o a rajar leña, iba yo maldiciendo desde mi madre hasta a Dios, iba yo maldiciendo, pero ahora padre, cuando me mandan a esos lugares a trabajar, voy con gozo, con gusto, porque voy a tener algo que ofrecerle a Cristo.

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Hay 4 respuestas al foro

1
autor ALEXISCOLORES el 6/feb, 2009 10:56
Visitante distinguido

que bonita hisotoria, quew bueno que ayudaste a un alma sentenciada. a eso benimos al mundo a ayudar a los demas. lamentablemente a muchos se nos acaba la vida. sin haber echo nada.

QUE BUENO QUE TU ESTAS HACIENDO TU PARTE,

 




2
autor rockystar el 6/feb, 2009 17:15
Visitante distinguido

@jfquinmar

PERO Q HERMOSA HISTORIA, SIN PALABRAS, GRACIAS POR ALEGRARME EL DIA.

ESTAS SON LAS VERDADERAS HISTORIAS Q SE DEBEN DE COLOCAR EN EL FORO, DE PERDON, ARREPENTIMIENTO.

NO HISTORIAS Q OFENDAN A OTROS , DEBIDO A SU RELIGION O SUS IDEALES




3
autor Expedito27 el 7/feb, 2009 09:05
Visitante distinguido

@jfquinmar

Cómo decía N.S. Yeheshua, algo como "nadie va al Padre sino por mí, y nadie puede venir a mí si el Padre no le ha atraído primero". Qué historia tan inspiradora, acerca de la fe, la no violencia, el amor, el arrepentimiento y la conversión. Gracias por compartirla jquinmar.




4
autor coah00 el 17/feb, 2010 01:31
Visitante distinguido

@jfquinmar me encontre con este tema y me gusto mucho sin duda alguna jesucristo existe aun que muchos otros no crean en el si no como explicarte cuando el corazon se hace grande o pequenio segun el acontecimiento de tu vida en X momento

buen tema felicidades






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